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Nomenclátor

Ma. Emilia Pérez Santarcieri | Montevideo
@|¡Pobre calle Andes! Nuevamente aparece alguien que quiere cambiar su denominación, que existe desde 1843.

El nomenclátor es la memoria de la ciudad, los cambios la alteran y destruyen su unidad.

Los nombres de las calles se adentran en la memoria colectiva, y llegan a aparecer en las canciones populares (Isla de Flores, Durazno y Convención, etc).

Obviamente, quien tuvo la ocurrencia del cambio desconoce cuál es el sentido de la existencia de esa calle.

Es claro, estudiar lleva mucho tiempo. Si lo hubiera hecho se habría enterado que Andrés Lamas, creador del nomenclátor de 1843, considerado excelente por los entendidos, explica el porqué de la designación.

Dice: “Los Andes han visto abrirse a sus pies desde la cuesta de Chimborazo y del Condorkandi los gloriosos campos de batalla de la guerra de la Independencia Sud- Americana. En ninguno de ellos dejaron de brillar las espadas del Río de la Plata, y en muy pocos las de su margen oriental.

La memoria de estos valientes es la que especialmente queremos conservar”.

Montevideo tiene muchísimas calles sin nombre. Los vecinos que las habitan tienen derecho a no vivir en el anonimato; pero, no hay caso, como es sabido, todos quieren que su propuesta se ubique cerca de 18 de Julio o en la Rambla. Hay un menosprecio por todo el resto de la capital.

Los que sufrieron la Tragedia de los Andes pueden, por ejemplo, ser recordados en Carrasco, barrio en el que desarrollaron importantes aspectos de sus vidas.

Repito el argumento que expresé cuando se quiso cambiar la denominación Andes por José Germán Araújo: aceptar este cambio sería considerar que los muertos de hoy son más importantes que los de ayer.

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