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No tengo ganas de votar

Lautaro Velázquez | Montevideo
@|Me considero un amante de la política, sin embargo no tengo ganas de votar en estas elecciones.

A grandes rasgos, respaldo la continuidad del Partido Nacional en el gobierno, pero me desanima el desempeño de Laura Raffo y Álvaro Delgado. Lo mismo sucede con el Frente Amplio: Yamandú Orsi me resulta monótono; y aunque Carolina Cosse me parece un personaje político intrigante, considero que tuvo una gestión muy deficiente en la Intendencia. Y ni hablar del Partido Colorado, que parece amalgamar liberalismo, conservadurismo y progresismo en un solo lugar.

Quizás la confusión que experimento con los partidos políticos sea más un problema de ellos que mío. Seamos sinceros, no creo ser el único en esta situación, especialmente siendo joven. Es verdad que comparado con otros países, Uruguay sigue mostrando una notable disciplina partidista, pero también es cierto que los medios y las noticias se esfuerzan por pintar la democracia en Uruguay como sinónimo de bienestar en los votantes. Esta reflexión busca ir más allá de lo que se presenta en la televisión. Es un llamado a observar lo que sucede realmente. No es común encontrar a personas emocionadas por las próximas elecciones en las calles. De hecho, solo escucho críticas, tanto de militantes como de votantes de todos los partidos.

A veces me pregunto: ¿qué pasaría si cambiáramos el foco en Uruguay? ¿Por qué no intentamos dejar de culpabilizar a quienes están desencantados con la política partidista, tachándolos de tibios o antidemocráticos? El foco debe ponerse en otro lado. La verdadera causa de esto es la rigidez que tienen los partidos políticos actuales. Debemos admitir que están atravesando una crisis existencial; el modelo político tradicional ya no se ajusta a los tiempos actuales.

La gente se siente más orgullosa de pertenecer a un movimiento social que a un partido. Esto se debe a que las condiciones del mundo en el que vivimos han cambiado. ¿Quién necesita un referente cuando uno puede ser su propio referente a través de las redes sociales? ¿Cómo podemos esperar que un político nos represente, cuando con solo escribir un tuit podemos expresarnos mejor que un diputado en el parlamento?

Incluso los actos políticos me han empezado a aburrir.

La gente con acceso a redes sociales es mucho más autónoma que antes. Ya no necesitamos a políticos que repitan las mismas frases cliché mientras todos aplaudimos como si fuéramos ovejas. Los actos políticos actuales están diseñados para los militantes más fervientes, que están alejados de la realidad. Asistir a un acto político hoy en día se asemeja a escuchar a un pastor en una iglesia: el político repite lo mismo mil veces, culpa a otro partido, la gente aplaude y listo.

Sinceramente, creo que los actos políticos benefician más al político que los ofrece (para que pueda sacarse una foto con la multitud presente) que al conocimiento que ese político le transmite a la gente.

Me preocupa el futuro, es por eso que soy crítico desde ahora. Tengo ganas de seguir militando y de ver a otros jóvenes hacerlo con emoción. Pero para que eso suceda, debemos luchar por una militancia real, acorde con los tiempos actuales.

En conclusión, si queremos hacer valer la democracia, los políticos deberían dejar de tratar a los votantes como idiotas.

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