Ex docente universitario | Montevideo
@|Es frecuente escuchar en el debate público que el nivel educativo alcanzado por los estudiantes de colegios y liceos privados es superior al de quienes concurren a instituciones públicas. ¿Existe evidencia objetiva que sostenga esta afirmación?
Los datos en Uruguay muestran que, en promedio, los estudiantes de instituciones privadas obtienen mejores resultados. Sin embargo, esta constatación requiere matices clave.
La razón principal reside en la brecha socioeconómica y cultural de origen. Las instituciones privadas concentran estudiantes provenientes de hogares con mayores recursos y redes de apoyo que favorecen el aprendizaje. Por ello, comparar promedios de manera lineal resulta engañoso: la diferencia no refleja necesariamente una brecha equivalente en la calidad de la enseñanza.
Investigaciones locales aportan elementos reveladores. Un estudio basado en PISA 2015 asociaba la gestión privada con una mayor eficiencia, aun controlando el origen social. Sin embargo, los datos de PISA 2022 muestran un fenómeno contundente: al considerar las características socioeconómicas y académicas de los alumnos, las diferencias de desempeño entre liceos públicos, privados y escuelas técnicas dejan de ser estadísticamente significativas.
¿Significa esto que ambos sistemas funcionan igual? No necesariamente. Persisten diferencias en estabilidad docente, clima institucional, expectativas académicas y participación familiar. Pero la pregunta central no debería ser cuál modelo es superior, sino cuánto de la ventaja observada pertenece al origen social del alumno y cuánto al valor agregado de la institución.
Si aspiramos a mejorar la educación uruguaya, debemos identificar qué hacen diferente aquellos centros —públicos o privados— que logran superar las expectativas asociadas al entorno de sus estudiantes. Solo así podremos escalar experiencias exitosas y diseñar políticas basadas en evidencia, superando una falsa oposición ideológica.