@|Elon Musk se colocó en el centro del debate político al anunciar la compra de la red social Twitter por $44 mil millones de dólares. Hay quienes consideran a Musk el empresario más importante de estos tiempos por masificar los vehículos eléctricos y comercializar vuelos espaciales y creen en él para liderar la libertad de expresión. Sin embargo, si el personaje Musk viviera en Uruguay lo llamarían Musk (arita).
Desde el punto de vista financiero, la compra de Twitter es un pésimo negocio. Entre las redes sociales, Twitter es de las que consigue menos anuncios publicitarios y genera pérdidas (unos $221 millones en 2021 y más de mil millones en el 2020). De concretarse la compra, se realizará con altos niveles de apalancamiento o deuda ya que el monto de compra supera el bolsillo del hombre más rico del mundo. Twitter estará plagada de intereses.
Hay quienes piensan que Musk va a hacer los cambios necesarios para que Twitter sea rentable. Veamos sus otros negocios. La empresa Tesla de vehículos eléctricos recibe de diferentes agentes gubernamentales créditos fiscales (en el 2021 estuvieron en el entorno de $1,500 millones de dólares). El éxito de Tesla se debe en gran medida al apoyo gubernamental además de la visión de Musk de saber aprovechar esa oportunidad. Sería ingenuo pensar que fue solo la mano invisible del mercado la que construyó el imperio Musk.
Al anunciar la compra de Twitter, Musk explicó que quiere limitar los controles sobre la red social. Pese a su relación muy próxima al gobierno, los créditos y las subvenciones, Musk se posiciona como un libertario a favor de una menor intervención gubernamental. Lo que es cierto es que a Musk le gusta mucho Twitter y usa la plataforma asiduamente para fomentar su imagen. La cuenta de Musk es de las que tiene más seguidores en Twitter y usa ese poder para atacar a sus adversarios y promover sus negocios.
Por ejemplo, el año pasado Musk se metió en el mercado de los activos digitales o criptomonedas. Las criptomonedas son una bandera libertaria ya que buscan evitar controles gubernamentales y competir directamente con los bancos centrales. Unos pocos caracteres en Twitter lograron subir o bajar la cotización de las monedas digitales en decenas de millones de dólares. Musk tiene participación en la dirección empresarial de Dogecoin, su moneda digital favorita.
Estas son algunas de las razones por las que genera ruido que sea un plutócrata quien tome posesión total de una red social con 200 millones de usuarios y que congrega a líderes de todo el mundo.
Luego de demostrada la intervención y campaña de desinformación de agentes rusos en las elecciones presidenciales en Estados Unidos, los líderes de las principales redes sociales fueron llamados al Congreso a testificar. El gobierno propuso multas y suspensiones. Las redes sociales respondieron con una serie de autocontroles. El cambio fue notorio, por ejemplo en torno al tema de la desinformación sobre las vacunas. También se observó menos manipulación política en las siguientes elecciones. Pero por el camino se canceló la cuenta del entonces presidente Trump en plena campaña por la reelección, una movida difícil de tragar.
El gobierno de Estados Unidos logró moderar las redes golpeando su bolsillo. Las principales redes sociales cotizan en el mercado bursátil y ante las multas y sanciones reaccionaron. De concretarse la venta, Twitter pasaría a tener a Musk como único dueño y sería privada, sin control de los mercados y sin transparencia financiera. ¿Qué herramientas habrá entonces para moderar el debate, evitar la desinformación y velar por las libertades de expresión, económica y política?
La imagen de Musk, el libertario, es simplista y su propia trayectoria demuestra que su relación tanto con el gobierno como con el mercado son las claves de su éxito. Así como Musk precisa de los créditos fiscales para lograr la revolución en vehículos eléctricos, es importante alguna moderación sobre las redes sociales. Aunque Musk mismo piense que su actuar es en beneficio de las masas, muchos le pedirán que se quite la mascarita.