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Murga Doña Bastarda

Enrique Rotemberg | Montevideo
@ | Destaco que de niño iba con mi padre y mis hermanos al Carnaval en los tablados y en el Teatro de Verano, en la adolescencia con amigos y en los últimos años solo o con mi madre, ya que mi señora va en contadas ocasiones. El mes de febrero se asocia al carnaval uruguayo aunque se extienda por algunos días más y las agrupaciones tienen su hinchada, que no se limita a familiares. Cada espectáculo es una apuesta a que el público lo acepte y se apropie de sus temas. Para mí el más reconocido es la retirada de Patos Cabreros de 1953, pero hay más cercanos como los entonados por Agarrate Catalina, de fuerte compromiso social.

Estamos viviendo un siglo XXI muy conflictivo, marcado por graves atentados, comenzando por la Torres Gemelas, continuando con lo que aconteció en ciudades europeas y todos lo demás hasta alcanzar el punto más álgido el 7 de octubre de 2023. La invasión a un Estado vecino y las atrocidades cometidas ese día no tienen justificación, solo la intención de los habitantes de un territorio de aniquilar a los habitantes de otro territorio, sin importar si se trataba de civiles o militares, hombres o mujeres, ciudadanos israelíes o extranjeros, niños o adultos, personas con o sin discapacidad, vidas próximas a llegar en mujeres embarazadas, e incluso animales domésticos que estaban asustados.

Sin intención de plagio con el libretista de la murga premiada en 2025 Doña Bastarda, ¿qué pensaría el Director de la citada murga del siguiente texto?: “Se les abrió las fronteras para poder progresar, responden traicionando a quienes los reciben con generosidad; se les dio cobertura de salud en los hospitales, pero desean que sus hijos sean mártires; los otros celebran un baile “Por la Paz”, pero ellos solo quieren el exterminio de una nación milenaria que al saludar desea Shalom; recolectan mucho dinero de todo el mundo pero lo invierten en construir túneles y juntar un poderoso arsenal instruyendo a terroristas en su manejo; usan los hospitales, escuelas y edificios públicos y privados para que sus francotiradores disparen a soldados, pero se deben conservar esos lugares por el motivo original de su presencia; asesinan en las calles a sus opositores para amedrentar a la población, pero nadie les puede retirar sus armas; roban sus alimentos, sus medicinas e incluso los complementos para bebes, aunque dicen que luchan por el bienestar de su gente; torturan, violan y provocan intencionalmente inanición a rehenes que deben cavar tumbas o morir de un tiro en la nuca para no ser liberados, mientras ellos sonríen y comen banquetes; y salen a festejar el traslado de cuerpos mutilados de personas que pocas horas antes estaban descansando en sus hogares, haciendo diversas tareas matinales o bailando con amigos, aunque no hayan ganado ninguna copa del mundo”.

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