Pedro Amonte | Montevideo
@|En la edición del 3 de setiembre, se hace referencia a los desfibriladores y su mantenimiento.
Siendo Ministro el Dr. Basso, en la puerta del MSP, un ciudadano tuvo una muerte brusca. El desfibrilador que había en el lugar tenía las pilas agotadas. Ningún juez penal juzgó de oficio al Ministro o funcionario encargado del mantenimiento, por la causa de esa muerte.
Frente a una muerte brusca la mejor chance de sobrevida son esos aparatos.
En los casinos de Las Vegas, además de cuidar la seguridad del lugar, los guardias saben usar el desfibrilador y mantenerlo operativo.
No se soluciona sólo con tener un desfibrilador, hay que entrenar a los funcionarios; realizar simulacros periódicos, no planeados, de paros cardiorespiratorios. En fin, hay que llevar a cabo entrenamientos de reanimación y uso del aparato.
Finalmente la institución que no cumpla debe tener una sanción ejemplar y el funcionario omiso destitución inmediata. ¿Es esto suficiente?
No, el 70% de las muertes bruscas son en la casa. Debemos entrenar a los jóvenes en el liceo, que aprendan a realizar masajes cardíacos y a usar el desfibrilador. De paso, podríamos completar la materia con conocimientos de una alimentación correcta, los efectos del tabaquismo, drogas, alcohol, enfermedades de transmisión sexual, cómo evitar un embarazo no deseado, etc.