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Moscú y La Habana, desde los 50, todavía hoy

Juan Pedro Arocena | Montevideo
@|Según Equipos Consultores (23/12/2023), la interna del Frente Amplio se divide así: Orsi 40%, Cosse 23%, Bergara 3%, Lima 1% y los indecisos un 24%. Las preferencias del restante 9% se divide entre políticos que no presentan candidatura (Andrade y Mujica). Redistribuyendo linealmente los indecisos, tenemos que los candidatos del Partido Comunista y del MPP acaparan un 94% de la opinión pública frenteamplista.

Siendo así, vemos que se mantienen hasta hoy en cuanto a importancia política, las dos columnas cuyos orígenes se remontan hacia fines de la década del 50 (defenestrado E. Gómez en el PCU en 1955 y verificadas las primeras luchas de los cañeros, anteriores a la fundación de UTAA, como antesala del MLNT) y que algunos años después encabezaron el movimiento insurreccional en Uruguay.

La estrategia de expansión comunista acuñada desde Moscú estaba constreñida en aquella época por la tesis de la “construcción del socialismo en un solo país”, lo que desembocaba necesariamente en la coexistencia pacífica promovida por N. Jruschov (en Occidente se la conocía como “la guerra fría”), lo que implicaba promover una vía al socialismo no violenta.

Esto se daba de bruces con la estrategia leninista, por más que R. Arismendi (“Lenin, la revolución en América Latina”) se esforzara en demostrar lo contrario.

En este contexto, la revolución cubana fue un inesperado regalo ya que al originarse con total independencia de la URSS, permitió abrir y promover frentes armados. Tener presente que las primeras informaciones que le llegaron al Kremlin por parte de los comunistas cubanos hacían referencia a un Fidel Castro “proyanqui”. La revelación de Fidel en cuanto a su ideología marxista leninista tuvo lugar 3 años después del triunfo de la revolución.

Ambas estrategias fueron promovidas desde Moscú y La Habana respectivamente y se presentaron con discursos ideológicos en discordia. Una oposición que resultaba verosímil y que llegó con frecuencia a durísimos enfrentamientos. Sin embargo ambas apuntaban al idéntico propósito del derrumbe del capitalismo y la democracia liberal en plena zona de influencia de los EE.UU. Un grupo desarrollaba la violencia armada y el otro denunciaba la represión y el autoritarismo sobrevinientes y a la vez, se promovía desde un frente semi legal la agitación estudiantil y obrera, en una perfecta combinación disolvente y agitadora. Esta inconducente y violenta historia, sin pies ni cabeza, condujo al triste final del 27 de junio de 1973.

Hoy, caído el socialismo real y desacreditada la lucha armada, ambas columnas se presentan aliadas en una coalición que logró 3 triunfos electorales en esa misma democracia que contribuyeron a derrumbar.

Los ciudadanos (poco menos del millón) que manifiestan su intención de voto al FA deberían tener presente el sin sentido insurreccional y violento de esta alianza de grupos, originalmente alentados desde el Moscú soviético y La Habana castrista respectivamente, persiguiendo una revolución que donde triunfó sólo generó caos, opresión y pobreza.

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