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Montevideo, ¡qué feo te veo! (I)

A. Paladino | Montevideo
@|Es como ver un ser muy querido demacrado, triste, con los ojos caídos, enfermo...

Volver después de estar unos días en Mendoza y Córdoba nos deprime.

Se le ve oscura; luces lánguidas en Bulevar que no permiten reconocer las calles que la atraviesan; hasta el paso cansino de la gente...

Se contrapone a aquellas ciudades argentinas donde sus avenidas arboladas tienen focos que las iluminan, las aceras impecables, limpias, y sus plazas vivaces con mucha vegetación y donde la gente las disfruta con obras artísticas de los países que la representan.

¡No éramos así! Fuimos “la tacita del plata” en la expresión más lúcida de nuestro poeta popular. Los militares primero y luego los treinta y cinco años del frentismo, con su funesta tristeza, la llevaron a este estado.

Quitaron los árboles para evitar cuidarlos y lo sustituyeron por columnas frías. Mataron a la naturaleza; una expresión de un espíritu carente de nuestros ancestros amantes de la vida que de ellos emanaba. Lo estamparon en los parques de Los Aliados, Rodó, el Prado, Rivera... y en el bendito regalo de nuestra rambla como precioso marco de nuestras playas.

Un regalo que aquellas ciudades argentinas no tienen, pero que el hombre lo sustituye con espléndidas fuentes danzantes en permanente actividad refrescando a sus ciudadanos a la vista y con movimientos.

Y acá, que nos ha bendecido con un entorno espléndido, no cuidamos y no podamos los árboles o los sacamos destrozando las veredas con sus potentes raíces; retiramos las papeleras para que la gente se acostumbre a tirar sus papeles al suelo y que luego la lluvia tape las “bocas tormentas”.

Y de tozudos construyen las ciclovías en el medio de la calzada, cuando aquellas ciudades ejemplares las tienen en los extremos dejando libres el tránsito de ómnibus y autos.

¡Lamentable! Se cumple aquello de que cada pueblo tiene el gobierno municipal que se merece.

En realidad los mendocinos y cordobeses aman lo suyo y hablan con orgullo de su ciudad. La tienen cuidada y con sus visitantes son muy amables.

Vinimos con muchos amigos anónimos de solo un ratito; y nos queda una sonrisa grabada para toda la vida...

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