Ma. Victoria Pereira Flores | Montevideo
@|Hemos perdido un diferencial enorme que nos tenía en la cresta de la ola de todas las capitales del mundo, en relación con la calidad de vida…
Montevideo se ha transformado en un tumulto de autos en las calles, a la hora que sea, independientemente de los horarios críticos, en todos sus ramales, e incluso en sus calles “escondidas” (de allí la necesidad de flechar tanta calle por la imposibilidad de circulación si hay autos estacionados a ambos lados).
¿Cómo llegamos a esto? Supongo por una serie de circunstancias con un denominador común: la falta de estrategia y visión, que en el transcurso de los años se sumaron y llegaron a un presente realmente insostenible.
Tenemos un transporte público sucio, no frecuente (con horarios complicados), inseguro dentro y fuera (las paradas a veces son lugares siniestros, sea el barrio que sea).
Tenemos una ausencia absoluta de un enfoque de capacidad de carga de nuestras calles.
Tenemos una flota automotriz que aumenta año tras año a pasos agigantados por la venta de 0 km, pero que no va acompañada de incentivos económicos concretos para retirar de circulación los autos antiguos.
Tenemos hábitos del consumo y convivencia que generan que en las familias de clase media y alta ya no se compartan vehículos, sino que lo óptimo sea comprar para cada hijo un automóvil.
Todo es solucionable, pero se necesita sentarse a pensar y planificar urgentemente cómo modificar nuestro calvario de circulación en la vida diaria callejera.
Se lee y se escucha del “Programa de Transformación del Sistema de Transporte Metropolitano”; años atrás ya hubieron otros pensamientos similares, pero hoy esperamos ansiosamente que, de una vez por todas, esos programas sean llevados a la acción.
No olvidemos que de la forma en que usamos las horas para trasladarnos es psicológica, económica y familiarmente un tiempo que se sitúa del lado negativo de la balanza de nuestras vidas, si se lo hace insertos en embotellamientos. Y ni hablemos de los gases de efecto invernadero, que se propagan al aire con los vehículos a combustible, detenidos por no poder avanzar.