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Mimetismo e ineficiencia del BROU

Goy Viera Silva | Montevideo
@|Algunos animales y plantas poseen la capacidad natural casi milagrosa de cambiar a voluntad su contextura y/o color como manera de defenderse ante sus depredadores. El Banco República, a todas luces, ha conseguido tal don no en forma lógica y natural sino de manera sintética o “industrial”.

Pero no lo hizo para proteger su integridad existencial.

Hace ya muchos años ha dejado de ser el “Banco País” para convertirse no sólo en un banco comercial común sumado a los que inveteradamente medran en Uruguay, sino que con ello desvirtúa el sentido de servicio con que fueron creados los Entes Autónomos.

Se ha mimetizado con la banca privada expoliadora, usurera y privilegiada.

Y tal cosa no es de hoy. Arranca en el año 1967 cuando el verdadero Banco País dejó de serlo al disponer de sus activos para transformar su Departamento de Emisión en la creación y funcionamiento del Banco Central del Uruguay.

Este cambio constitucional fue incluido subrepticiamente, siendo inadvertido por el votante “distraído” en el plebiscito de 1966, ya que el tema principal de dicha consulta electoral que era otro, era el que captaba su atención. Estamos acostumbrados a que, en la aprobación de algunas leyes se “agreguen” artículos aparentemente desconectados del tema principal o “espíritu de la ley” que, para colmo de males, siempre son esencialmente técnicos y/o deshonestos y fuera de la comprensión del sufragante medio. (Aaahh…vicios de la “democracia”!!!)

Como dijimos ut supra pero traducido a palabras claras: el metamorfósico Brou puso la plata para abrir el Banco Central, para que éste a su vez le empezara a cobrar intereses al propio Brou; es decir, el Estado le cobrara al Estado, ergo creara un falso costo del dinero para que el Brou y la banca privada aplicaran tasas activas leoninas… autorizadas por el Banco Central como paliativo parcial a las quiebras bancarias por inflación, debido a que las carteras de esa fecha eran en moneda nacional.

Y no obstante nuevos privilegios, las quiebras fueron en aumento por décadas, hasta que ya no quedaron más bancos privados nacionales.

Y los privilegios banqueros también fueron en aumento hasta llegar a hoy, en donde tenemos a la ciudadanía de rodillas para que los bancos privados extranjeros sean un negocio altamente redituable.

Todos los gobiernos han avalado esa política, incluso prácticamente ratificando mediante una corta y tímida modificación la monstruosa ley de usura de la dictadura que, está pidiendo a gritos una reforma sustancial a favor de la población. El propósito de la dictadura fue defender a la banca de la inflación de tres dígitos, pero hoy, con una inflación de un dígito durante muchos años y sus carteras en dólares o indexadas: ¿qué justificación tienen las tasas usurarias?

¡Y no se puede creer que no se paguen intereses en Cajas de Ahorros cobrándole además a uno por recibir su dinero que asimismo colocan con jugosos intereses! ¿A qué hemos llegado? Este destino habla muy mal del pueblo y su capacidad democrática.

Y por último, es imprescindible resaltar que la tecnología informática hasta el momento viene complicándonos en mayor medida que los beneficios recibidos, sobre todo en el Brou, donde los gerentes de sucursales son figuras decorativas que eliminaron la atención personalizada concediendo preeminencia “al sistema”, en la relación con el cliente, debiendo éste tratar con un recitador de software que dice y hace lo que decide “el sistema”.

¿Dónde quedaron las atribuciones y facultades de las gerencias? ¿Dónde quedó la Institución que en una época se llamó “Criterio Banquero” (o bancario)? No toda la casuística que abarca “el sistema” es uniforme, al contrario, es bastante heterogénea en sus matices, y requeriría con frecuencia la intervención puntual del olvidado Criterio Bancario de índole socioeconómica, a través de las facultades personales de un Gerente. Y las consultas telefónicas que se resolvían en 5 minutos, fueron sustituidas por trámites informáticos que duran muchos días. Y la discriminación (antisocial) hacia el cliente según sea el importe de su operación resulta en cajeros rascándose en su habitáculo, y en usuarios complicándose y perdiendo tiempo ante un sistema automático ineficiente y estresante.

Como colofón: ¡Vivan los bancos! ¡Viva la usura! ¡Viva la comodidad de los funcionarios! ¡Mueran servicios, trato personal, preocupación, ocupación, y sentido socioeconómico!

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