Un Conejo Blanco | Montevideo
@|Entre las promesas de cambio dentro de la “reforma del Estado” que promete Javier Milei, ha incluido la depuración del CONICET. He escrito depuración y no la eliminación pues la intención del hoy favorito a la futura presidencia es regularizar las cuentas fiscales para lo cual su planteo se dirigirá en “el menor tiempo posible” a reducir costos del Estado obeso que han cultivado kirchneristas, peronistas y la Cámpora hasta hoy, y que, a sabiendas que perderán las elecciones de octubre, siguen engrosando.
Este organismo dependiente del Ministerio de Ciencia y Tecnología es uno de los que la política gobernante ha preferido para acomodar a sus adláteres (ñoquis) y presenta un panorama inquietante en su desorden funcional, lo cual lleva a Milei a pensar en hincarle el diente rápidamente.
En sus palabras lo justifica por el absurdo de que “a la fecha, el CONICET reúne investigadores, becados, técnicos, profesionales y administrativos que llegan a la cifra de 35.000 mientras la NASA tiene 17.000, lo cual falla que tal como existe hoy hay que cerrarlo”. Como ejemplo del desorden en los estudios e investigaciones que se trabajan, se citan casos como “la señora del Gobernador Kicillof, investiga un tema de ocultismo” u otro investigador lleva tiempo en el “estudio de la sexualidad de Superman”.
El gobierno sigue engrosando el Estado a un ritmo desde la salida de la pandemia de 148 empleados por día (54.000 en el año) y sumado a los subsidios a los servicios públicos, los planes sociales, las regalías para captar votos (colchón, heladeras, electrodomésticos y hasta dinero en la mano) ha llevado la economía a la debacle que vive la Argentina.
Definitivamente Milei tiene la firme convicción de que se debe achicar el costo del Estado, para lo cual las asignaciones públicas se deberán ajustar a las lógicas entendibles, depurando paulatinamente las plantillas de los organismos que lo integran.
“La Ciencia” que es una actividad importante y necesaria para ayudar al desarrollo del país, deberá limitarse a sus estrictas tareas y el CONICET dejar de ser refugio de políticos populistas para lograr acomodar votantes.