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Milei y el dilema del bailarín

Gamexán | Colonia del Sacramento
@|Dilema significa: “Situación en la que es necesario elegir entre dos opciones igualmente buenas o malas”.

Milei es un dilema ético para la clase política. (O la “casta” como él mismo lo define). Porque la pregunta es: ¿existe la clase política? ¿O sea “la casta”?

Nadie puede negar que hay mucha gente que “vive de la política”. Y prácticamente todos ellos están enquistados, por supuesto, en el Estado.

Y cuando decimos Estado estamos hablando también de gobernaciones, municipios, etc. y toda esa maquinaria burocrática y política que lo componen.

Se dice errónea y falsamente que Milei “está en contra del Estado”. Lo que el libertario critica es al Estado mastodóntico. Ese Estado que se retroalimenta a sí mismo y no cumple con su función primordial de estar al servicio de la gente que trabaja, produce e incluso de aquellos que ya no están más en condiciones de hacerlo, como la clase pasiva, pero que en su momento sí aportaron para recibir una pensión digna que los proteja en su vejez.

Si escuchamos los discursos de Milei observamos precisamente que apuntan al centro de esas estructuras, cuestionando las necesidades o utilidades de ellas, en función del real beneficio público.

Es un hecho innegable que la opinión pública en general (y esto también ocurre en Uruguay) percibe que la burocracia estatal es un costoso lastre que todo lo retarda, encarece y encima la tenemos que pagar con nuestros impuestos.

Y aquí está el dilema o desafío ético que Milei y su mensaje le presenta a toda la la clase política: ¿cómo se administran los dineros públicos?

Frente al mensaje y las propuestas de Milei, en Argentina, en estos momentos, se ven a muchos políticos confundidos de tal manera que no saben si bailar el pericón, la cueca o el malambo.

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