Dr. Jorge Cassinelli | Montevideo
@|El fideicomiso por 260 millones de dólares aprobado para la Intendencia de Montevideo, constituye una señal alarmante del agotamiento de un modelo de gestión que lleva 37 años al frente del gobierno departamental.
Resulta difícil comprender cómo una administración que recauda cerca de 900 millones de dólares al año, necesita seguir endeudando a los montevideanos y comprometiendo recursos de futuras generaciones. Después de más de tres décadas de gobierno, ya no caben excusas ni herencias recibidas. Los resultados están a la vista en una ciudad con problemas crecientes de limpieza, tránsito, infraestructura y mantenimiento.
Lo más preocupante es que, en lugar de exigir una profunda revisión del gasto, la eliminación de privilegios, el combate al despilfarro y una gestión más eficiente, parte de la oposición optó por acompañar este nuevo endeudamiento. Lejos de actuar como contralor, terminó validando la continuidad de un modelo que ha demostrado severas carencias de gestión.
Cuando una administración pide más deuda en lugar de ajustar sus gastos, el mensaje es claro: el problema no es la falta de recursos, sino la forma en que se administran. Y cuando quienes deberían controlar aceptan ese camino, también pasan a ser corresponsables de sus consecuencias.