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Malas decisiones

Álvaro Curbelo | Montevideo
@|El gobierno actual viene tomando decisiones que no parecen estar basadas en un análisis detallado de las ventajas y desventajas que toda decisión a tomar requiere. Más allá de eso, no todos los casos tienen el mismo grado de perjuicio. Me voy a referir a tres de los casos más sonados.

El primero de ellos, es el de la potabilización del agua para el área metropolitana. En este caso, la decisión de trasladar la toma de agua para la nueva planta potabilizadora del Río de la Plata al Río Santa Lucía implica, sobre todo, un riesgo técnico de no lograr el fin perseguido. Desde el punto de vista de poder suministrar o no agua para más de 1.7 millones de personas, su importancia es de una gravedad extrema. Pero desde el punto de vista económico para el país es subsanable. Si en equis período de tiempo se ve que alguna variante de la idea de tomar agua del Río de la Plata es impostergablemente necesaria, el Uruguay puede realizarla. Tendrá dos nuevas plantas potabilizadoras. Habrá hecho una doble inversión (nada más y nada menos), pero lo hecho no se habrá gastado en vano.

El segundo, es Cardama. Si no era del agrado del gobierno el armador, los barcos o lo que fuera, y querían lograr la rescisión del contrato (manteniendo aparte el tema de si las patrulleras iban a ser buenas, regulares o malas), tendrían que haber seguido todos los pasos usuales y necesarios para rescindir un contrato.

Si Cardama no tenía los planos aprobados, exigírselos. Si la primera y/o la segunda garantía eran fraudulentas, exigir unas que fueran valederas. Si estaban atrasados en el cronograma cobrarles multas, etc.

O sea, que fuera el propio Cardama el que al no poder cumplir las condiciones del contrato dejara abierto el camino de rescindir. Que la culpa fuera de él, no nuestra. Y si cumplía con todo que terminara y entregara las patrulleras. Si este gobierno tiene otros vendedores o armadores dispuestos a suministrar patrulleras hubiera podido comprar otras dos más sin eliminar por ello lo que se estaba construyendo.

Acá el riesgo económico para el país es altísimo, no lo decimos porque seamos unos vendepatrias sino porque con la intempestiva rotura de lo firmado sin haber hechos los pasos previos de rigor, quedamos totalmente expuestos a terminar pagando el doble o triple de los 50 millones que faltaban pagar.

En este caso el dinero que se gaste no va a dejar nada al país, ningún barco. Solo va a ser para pagar indeminzaciones.

El tercer caso, es el más nocivo de los tres.

El proyecto de movilidad para el área metropolitana hace agua por todos lados en su forma de haberlo encarado y en la manera en que se amenaza con definir en el corto plazo con la increíble razón de que sino no daría el tiempo para que sea esta administración la que lo inaugure (!!!), como si eso fuera lo importante y no realizar la reforma del sistema que más se adecúe a lo que Montevideo necesita.

Ante cualquier mega proyecto como éste lo lógico es contratar una consultora internacional, apoyada con una nacional, con experiencia en resolución de este tema en particular. Planteando el problema y esperando que ellos, que son los que tienen el conocimiento y la experiencia, a su tiempo, nos den su respuesta.

Recién después, en función del análisis que presenten, de la ponderación de pros y contras y de la comparación entre los distintos medios de transportes (BRT, trentram, tranvía, tren aéreo) es que estaríamos en condiciones de decidir cuál es mejor o cual nos gusta más, valorando ventajas y desventajas y comparando entre ellos.

Nada de esto se ha hecho. Parece que el trentram o el tren aéreo no los tomasen en cuenta sin dar ninguna explicación (no puedo creer que sea solamente porque los propusieron empresas privadas).

En este caso una mala decisión, urgida por un apuro artificial, es un camino de no retorno. Una vez que se decida un medio de transporte ya no se puede realizar también una segunda opción (como en el caso de la potabilizadora o la posibilidad de comprar otras dos patrulleras). La infraestructura varía totalmente en función de que sean buses, trenes terrestres o aéreos.

Es una decisión que Montevideo y aledaños esperaban desde hace décadas y no merece ser tomada a la ligera. (Y dejo aparte el túnel en 18 de Julio que es todo otro capítulo a discutir).

Todas las decisiones tienen sus consecuencias. Pueden resultar mal o bien, pero lo que se le debe exigir a nuestros gobernantes es que previamente se estudien seriamente las posibilidades y en estos casos no parece haber sido el camino tomado. Más bien parecen haber sido decididas en función de posturas políticas previas, o por ir en contra de definiciones tomadas por el anterior gobierno o por un apuro irracional de decidir para poder inaugurarla. Porque además, en esas malas decisiones tiramos millones de dólares, dólares que después reclamamos y añoramos para tantas cosas faltantes en nuestra sociedad.

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