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Los políticos y la productividad

Alejandro A. Tagliavini | Estados Unidos
@|Por qué los políticos odian a la productividad (y a los robots).

El avance de la automatización aceleró el desarrollo de máquinas capaces de realizar las tareas repetitivas y de gran esfuerzo físico, transformando procesos que demandaban horas en acciones que se realizan en minutos. Es decir, la tecnología aumenta la productividad, la calidad de vida al evitarse esfuerzos físicos contraproducentes, y ese tiempo ahora los trabajadores lo invierten en tareas intelectuales.

Huelga decir que a los políticos no les convienen los robots desde que no pagan impuestos personales ni aportan a la “seguridad social” estatal. Pero no solo odian la robótica sino a la productividad en general. Qué sucedería si no existieran los muy engorrosos trámites -impuestos, regulaciones medioambientales, etc.- para satisfacer a la burocracia, que se ven obligados a realizar las empresas invirtiendo en ello tiempo y dinero. Pues desaparecería la burocracia.

Según la OIT, un latinoamericano es tres veces menos productivo que un europeo. Claramente hay una relación entre exceso de trabajo y pobreza y la clave está en la baja productividad debido a las inútiles interferencias de los burócratas.

El resultado de esta política de imposiciones burocráticas coactivas es, no solo la enorme pérdida de tiempo lidiando con la burocracia, sino que evita el desarrollo natural de la sociedad hundiendo su productividad. Por ejemplo, con la falsa excusa de “defender a la industria nacional”, se dificulta el ingreso de mejor tecnología y a mejores precios.

Algunos creen que los problemas de Hispano América se deben a que sus habitantes son holgazanes. Pero resulta que allí es donde más se trabaja. Por caso, según la OIT, en Colombia cada persona trabaja en promedio 2.298 horas anuales, en El Salvador 2246, sigue México con 2226, Costa Rica 2210, República Dominicana 2122, Chile 2101, Puerto Rico 2080, Brasil 2028, Uruguay 1940 y en Argentina 1924 en tanto que en países desarrollados como Francia 1867, Suiza 1856, Irlanda 1851, EE.UU. 1792 y en Alemania 1778.

Por cierto, la robótica ha reavivado el debate del hombre contra la máquina. Según la OCDE, más de 60 millones de trabajadores corren riesgo de ser reemplazados por robots. Hoy más del 14% de los empleos en los países desarrollados son automatizables.

Pero la historia muestra cómo la tecnología abre nuevas oportunidades. En 1830, casi el 60% de los ingleses trabajaba la tierra. Hoy, solo el 3% lo hace y la desocupación cayó y aumentó sideralmente la producción agropecuaria. La enorme mayoría de las personas hoy trabaja en industrias desarrolladas por el avance tecnológico: fábricas de automóviles, de electrónicos, etc.

Y, por cierto, trabajo sobra, hay mucho por hacer, piense solo en el déficit habitacional. Son los políticos los que provocan la desocupación con leyes coactivas que impiden el trabajo, como la ley del salario mínimo que, de hecho, prohibe que trabajen los que ganarían menos, precisamente, los que más lo necesitan.

Para remate, el Estado cobra impuestos que empobrecen a los más pobres ya que para pagarlos, por caso, los empresarios suben precios o recortan salarios. Empobrecidos – casi alentándolos a delinquir- por los mismos políticos que luego prometen asistencialismo con el propio dinero recaudado impositivamente, pero luego de quedarse con una parte para ellos.

Claro que la ecuación se quiebra, y surge mayor desocupación, cuando los inmigrantes se benefician con el asistencialismo que sale del poco dinero que han dejado los políticos después de cobrarse lo suyo. Es decir, el “Estado de Bienestar” llama a la inmigración parasitaria para que vengan a cualquier costo.

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