Nicolás Etcheverry Estrázulas | Montevideo
@|El 22 de diciembre en este medio se publicó una carta firmada por El Ciudadano titulada “Todos somos los Gómez”. Me permito felicitar sinceramente al autor y -espero que no se lo tome a mal- su carta me inspiró y me atreví a escribir una pequeña secuela de lo que él tan estupendamente narró en la misma:
Pasaron varios años. Cuando la abuela y el matrimonio Gómez ya habían fallecido, no sólo por vejez, sino por tristeza y desaliento acumulados, los dos hijos que habían emigrado se pusieron de acuerdo para volver a visitar el país, aunque fuera por unos pocos días. Al llegar al aeropuerto, lo primero que les llamó la atención fue la rapidez con la que pudieron realizar los trámites migratorios; poca cola para ingresar y varios carteles de bienvenida que repetían: GRACIAS POR REGRESAR! EL PAÍS TE PRECISABA!
Lo segundo que les impresionó, fue el silencio en la sala de arribos y la poca gente que allí se encontraba. Cuando tomaron un taxi, (había muchos que se ofrecían para llevarlos), las calles y avenidas les parecieron muy despejadas con muy pocos vehículos circulando, casi todos de la misma marca. El trayecto se les hizo corto para arribar a la casa donde había transcurrido su infancia y adolescencia. Estaba semi-arruinada, con el jardín del frente muy crecido de hortalizas y restos de basura arrojada en cualquier lado, con latas vacías sin recoger por meses. Después de inspeccionarla por dentro y comprobar su absoluto deterioro, decidieron irse a un hotelito cercano. En el trayecto que hicieron a pie, les asombró la poca cantidad de niños y gente joven que encontraron en las cuadras recorridas: solamente gente adulta, muy adulta, sentada al frente de sus viviendas, mirándolos y saludándolos a veces con mezcla de lánguida sorpresa y simpatía. Varios comercios y empresas estaban clausurados con carteles o anuncios que decían: CERRADO POR FALTA DE PERSPECTIVAS.
Conseguir una habitación fue muy fácil. Casi todas estaban libres - salvo algunas que ocupaban funcionarios del Ministerio de Vivienda Digna, del Ambiente Sano y Limpio y del Nuevo Ministerio de Turismo y Entretenimiento Interior. Buscaron un sitio cercano para comer algo y lo encontraron a poca distancia del hotel. Les impactó la falta de variedad de platos para elegir en el menú, así como el alto precio de la comida y bebida: un solo tipo de pasta y de ensalada con un poco de papas, sin carne de tipo alguno. Una sola marca de vino o de cerveza, y agua en jarras, que tampoco se ofrecía gratis. Al consultarle al encargado del restaurante por los motivos de tan poca variedad gastronómica la respuesta fue inmediata: Hacía años que la política del Ministerio de la Unificación fue logrando la gradual imposición del Uno: Una Escuela, un Liceo y una Universidad, así como un solo tipo de marca de automóviles, un tipo unificado de bebidas alcohólicas y refrescantes; ahora está concentrado en lograr un tipo unificado de vestimenta para toda la población. Con ello ha logrado simplificar mucho el tema impositivo y a la vez eliminar la riqueza sobresaliente e innecesaria. Tuvo algunos encontronazos y escaramuzas durante un tiempo con el Ministerio de la Diversidad, pero al final prevaleció el criterio unificante e igualitarista del primer Ministerio mencionado. La política tributaria hacia los más ricos fue diluyéndose sin problemas mayores, pues éstos fueron cada vez menos dentro del país y además, menos ricos.
Luego de quedarse otro día y de observar cómo muchos otros edificios se encontraban vacíos o servían como museos, los Gómez Jr. decidieron marcharse para no regresar jamás.