Carlos Asecas | Montevideo
@|La actitud patotera y saboteadora de los dirigentes sindicales de los entes públicos, nos demuestra que durante quince años actuaron libremente, sin que nadie les hiciera ver que hay reglamentos que cumplir.
Pretenden imponer a los Directorios de diversos entes (Ancap, Antel, OSE) sus criterios de cómo se debe manejar una empresa. Parece que no han asumido que ellos son empleados y no tienen injerencia en las decisiones del Directorio y actúan como si estas empresas fueran una cooperativa donde cualquiera puede hacer pesar sus ideas.
Tienen la suerte de ser empleados públicos inamovibles, algo que se debería rever. También se debería rever el tema de la licencia sindical en cuanto que ésta sirve para que cobren un sueldo sin trabajar. Si quieren ser dirigentes sindicales que lo hagan fuera del horario de trabajo y si esto no les conforma, que decidan entre actuar como dirigentes o ser empleados del Estado.
Resulta gracioso que salgan a la opinión pública a realizar planteos de qué hacer y que no, como si tuvieran la capacidad de lograr resultados. Todos sabemos lo que ha sucedido cuando diversas empresas privadas cerraron y el Fondes les otorgó millones de dólares a los sindicatos y a sus empleados para que siguieran funcionando (Alas U, Envidrio, Funsa).
Ser empresario no es para cualquiera, hay que tener visión, contactos, ingenio; y lo sucedido con estas empresas gestionadas demuestra a qué punto llegarían los entes públicos si permitimos que impongan sus locas ideas.
Llama la atención que los sindicatos nunca abrieron la boca durante el gobierno del Frente Amplio. El sindicato de Ancap se calló la boca cuando Raúl Sendic gastó US$ 50.000.000 en un horno y lo dejó abandonado. Tampoco dijeron nada cuando se gastó US$ 1.000.000 en bombas de riego para Alur y también quedaron en un galpón. El sindicato de OSE también se hizo el distraído cuando Carolina Cosse convenció a Tabaré Vázquez y se construyó el AntelArena en lugar de la represa de Casupá.
Los dirigentes sindicales están constantemente planificando qué actitud tomar para ponerle un palo en la rueda a cualquier iniciativa del gobierno. Hasta ahora nada de lo que se ha hecho les ha resultado acertado. A tal punto demuestran su fanatismo que están dispuestos a aplicar constantemente la conocida frase de “cuanto peor, mejor”. Son estrategias que vemos que también se aplican del otro lado del río, todas planificadas en el Foro de San Pablo. Recordemos cuando un conocido cómico argentino, que recientemente estuvo en Uruguay, en un programa de la TV argentina había dicho que deseaba que el pueblo argentino pasara hambre para culpar de ello al gobierno de Macri. Acá no llegaron a ese extremo, pero a no olvidar cuando el Pit Cnt llamó a un caceroleo a pocos días de enfrentar una terrible pandemia. Incluso Tabaré Vázquez decía que había que hacer un cierre total de la economía. Las consecuencias de haber hecho eso lo vemos reflejado en la situación actual de Argentina.
Piénselo muy bien cuando vote en octubre de 2024...