Esteban Szabados | Brasil
@|En estas fiestas hemos tenido el tiempo - porque nos lo hemos hecho - de celebrar la vida. Ya sea juntos, en familia o entre amigos, o quizás muchos solos.
En las cenas y almuerzos he compartido con la familia de mi esposa, en el interior del estado de San Pablo, estos momentos consumiendo alimentos, bebidas y hablando.
Después de una de las comidas, los adolescentes, en cuanto comieron se retiraron al salón. Enseguida tomaron sus celulares y comenzaron a jugar o a ver las redes sociales.
Quedamos en la mesa de diez sillas sólo los adultos. Las conversaciones se entrecruzaron sobre temas diversos de la vida cotidiana, la economía, los deportes y la nueva generación, los “centennials”. Éste último asunto saltó al debate porque después de todas las comidas solamente los adultos hacíamos una sobremesa.
Esta actividad tribial, acompañada con el consumo de las comidas, es un recurso que crea el ligamen social, el vínculo entre las personas. Se construye el tejido que es la base de la sociedad.
Para el antropólogo argentino Néstor García Canclini, por medio de estos rituales los grupos seleccionan y fijan los significados que regulan sus vidas. Es darle sentido al flujo rudimentario de acontecimientos, afirma él.
Estos encuentros ayudan a integrarnos, aunque también haya controversias. A propósito, yo recibí algunas “patadas”, pero, bueno, hace parte del juego humano criticar. Y por ser uruguayo siempre soy el “visitante” contra el “local”.
Lo cierto es que los veteranos notamos lo diferente que somos, si nos comparamos con los jovencitos de hoy en día. No somos mejores ni peores, sencillamente nos gusta más conversar cara a cara. Por el contrario, a la generación Zeta les gusta muchísimo más las relaciones personales por medio de la tecnología y, por supuesto, sus temas de interés están más relacionados con las tecnologías.