E. Cameto | Montevideo
@|Sr. Matías Chlapowski:
Como ceramista y apasionada de la historia, estoy trabajando desde hace 15 años en divulgar la idea que existe “La Ruta de la Porcelana”.
Con el mismo recorrido que la de la seda, abarca a nuestro continente y se extiende hasta nuestros días y seguirá en el futuro.
La porcelana es la culminación de sofisticados métodos de cocción y elección de determinadas arcillas.
Fue en China, en el siglo II A.C. que la producción de cerámica se fue refinando y marcando los estilos de las distintas dinastías.
Es con la dinastía Ming (s. XIV) cuando se despertó el furor en las élites europeas por la porcelana china, y ocasionó un importante flujo de capitales y mercaderías.
Cuando se descubre América, con el océano Pacífico mediante, los españoles acceden a Manila y comienza la ruta de galeones que se llamó “La Nao de Manila” o “Nao de China”.
Comienza por primera vez un comercio global que nace en las Filipinas (Puerto de Manila), atraviesa el océano Pacífico en enormes galeones cargados de mercaderías proveniente del flujo que antes alimentaba la Ruta de la Seda, recala en Acapulco (México) y a lomo de burro cruza a Veracruz y partían con rumbo a Europa (Cádiz) atravesando el Océano Ártico.
Este viaje se hacía una o dos veces al año, y fue importantísimo para la economía mundial.
La plata del Potosí literalmente se iba a China a pagar los bienes suntuosos que adquirían las cortes europeas.
¿Por qué la Ruta de la Porcelana? Es imperecedera por sus propias características y un trozo de cerámica da pie para que arqueólogos, antropólogos, historiadores, etc. puedan conocer el recorrido del comercio o intercambio de bienes desde el Neolítico hasta hoy.
La porcelana fue la primera embajadora de China, un jarrón o taza de porcelana ilustraba e ilustra las costumbres y naturaleza de ese lejano país.
Fue el descubrimiento de América que posibilitó ese fenómeno que involucró a los europeos, americanos y asiáticos.