Dr. Julio Cardozo Conde | Canelones
@|Desde hace mucho tiempo, la gente se está dando cuenta que la política es algo muy lejano a sus vidas y que no la involucra como debiera. Esto va más allá de las encuestas de opinión en las que el ciudadano, cuando es consultado, tiene la oportunidad de decir cómo aprecia la marcha del país o, también, cómo cree que la clase dirigente conduce a éste.
Desde hace bastante tiempo se ha instalado la concepción de que los políticos no hacen nada, o hacen muy pocas cosas, que a la gente le sirva. O sea no tienen demasiadas acciones que a una mujer o a un hombre común le marque un antes y un después.
Desde la crisis de 2002, a la que el Presidente Jorge Batlle debió plantarle cara, se instaló el pensamiento del “sálvese quien pueda” y si bien la sociedad ya tenía una tendencia a colocar lo individual sobre lo colectivo, esas instancias reforzaron dicha manera de ver al país.
La militancia política, notoria y exacerbada en otros tiempos, tiene varios años de decadencia. La juventud ya no siente ese interés de congregarse en locales partidarios para manifestar compromiso alguno y el sufragio se emite casi por inercia. Lo peor es que no se eleva la vara ni se levantan las miras. Tampoco se aprecia una conciencia de país que conduzca al compromiso serio de trabajar como parte de un cuerpo social que busque crecer como tal.
Las expresiones electorales, cualquiera de ellas, son fotografías del momento; manifestaciones de estados de ánimo en los que influye el estrés y las preocupaciones personales y, claro está, la simpatía que pueda despertar cualquier candidato. Por eso, hoy día, tienen tanto éxito las empresas de marketing que son las que le dicen al aspirante cómo se debe presentar para resultar atractivo a la gente. Ningún político podría prescindir de ellas; son la Meca de su posible éxito.
Lo que preocupa es que el desinterés pueda llevar a restarle importancia a la institucionalidad, lo cual nos haría vulnerables a cualquier tentación de poder sin límites. No es un tema de dicotomía entre gobierno y oposición. Pero está claro que son los dirigentes de uno u otro lado quienes se deben dar cuenta de lo que todo esto significa.