Mario Coppetti | Montevideo
@|En un reciente encuentro con militantes en Rivera, la ex-jefa comunal de Montevideo aseveró que unas escuelas que fueron robadas en ese departamento se debió a gente con hambre, y lo afirmó con énfasis, con el lamentable aplauso complaciente de quienes la escuchaban.
No es la primera vez que lo hace; basta recordar cuando la crisis hídrica y su profundo análisis de cómo la salinidad del agua afectaba el desarrollo de los recién nacidos, lo cual fue desmentido por profesionales del tema.
También mintió y falseó sobre el costo total del Antel Arena y el famoso cable submarino, que según creo sigue funcionando.
Me gustaría preguntarle sobre los robos en Rivera de dónde sacó que fue gente con hambre, porque no creo que tuviese oportunidad de hablar con quienes cometieron esos delitos.
Por lo visto se trata de una persona con un grave problema de mentir de forma compulsiva, además de ególatra y vanidosa; que le gusta escucharse a sí misma, y lo peor de todo es que hay quien le cree y además le da más manija al mejor estilo de regímenes dictatoriales.
Pensar que determinado personaje aspira a la Presidencia de la República debiera llevar a la reflexión, ya que nos hace pensar en algunos deplorables ejemplos de la región y del viejo continente, que están en esa misma línea, que quieren hacer de la falsedad una verdad absoluta. Y por eso el título de esta carta, que nos recuerda el cuento del pastor que, de tanto mentir, al final nadie le creyó cuando dijo algo que era cierto.
Nuestro país no puede, no debe permitir que gente así haga política y pretenda aspirar a manejar nuestros destinos, a sabiendas de que corremos un gran peligro, tanto institucional como democrático.
Dios no lo permita.