Alejandro A. Tagliavini | Estados Unidos
@| La libertad (de prensa) y la paz, no son ideológicas, son hechos científicos.
Cuando se opina sobre comportamientos sociales o individuales se suele mezclar ciencia con ideología, datos “objetivos”, reales, con deseos, imaginación, expectativas.
La ciencia -como la describía Jacques Maritain, por caso- es el estudio de las leyes de la naturaleza, como la de la gravedad. Es decir, es el análisis de cómo está organizado el cosmos, el orden natural. Todo lo demás, es ideología, o sea, construcciones de nuestra imaginación.
Ahora, la ciencia dice que la violencia es destructiva porque es, precisamente, la fuerza extrínseca al ser (violentado), a su naturaleza, que pretende desviar -arbitrariamente- su devenir espontáneo (intrínseco, según sus propias fuerzas). Ergo, la libertad, y su correlato la paz, es la ausencia de esa violencia, de modo que el ser pueda desarrollarse a partir de sus potencias intrínsecas de acuerdo con su libre albedrío.
Así, desde la ciencia, la libertad es la ausencia de esa coerción (violencia) que les impide a las personas moverse y desarrollarse según sus propios medios y decisiones. La libertad es la paz y se potencia con la información clara y transparente.
De lo dicho surge que la libertad es una sola. No tiene sentido estudiarla en diferentes ámbitos como si pudiera asilarse de los otros, no puede decirse que se puede ser libre económicamente pero no social o informativamente. Cuando la arbitrariedad externa es grande se expande a todos los ámbitos.
De hecho, muchas veces la imposibilidad de expresarse tiene que ver con su incapacidad económica o legal debido a la coacción del Estado. No existe la libertad de prensa sin libertad económica; cuando se le impide a un periodista trabajar se le coarta su libertad económica y cuando se fuerza a las sociedades a pagar impuestos que hacen imposible la creación de empresas por parte de los más pobres, se le está coartando la posibilidad de crear microempresas de periodismo.
En su Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa, Reporteros Sin Fronteras (RSF), dice que Noruega encabeza el ranking y que Eritrea se afianza en el último puesto (el 180). El deterioro se explica por conflictos armados como en Irán (177), Rusia (172) o debido a los regímenes dictatoriales como en Corea del Norte (179), China (178) y Nicaragua (168) donde el panorama mediático está en ruinas. Venezuela (159) sigue sumida en una gran incertidumbre.
Donald Trump, según RSF, ataca sistemáticamente a la prensa relegando al país al puesto 64. Pero luego el informe critica “los drásticos recortes en la Agencia de Medios Globales (USAGM)” y aquí RSF muestra su ideologización, porque estas agencias no surgieron espontáneamente de la sociedad, de las personas, sino creadas por el Estado, ergo, solventadas con los impuestos coactivamente recaudados.
Por su parte, The Heritage Foundation (THF) también está ideologizada. Por caso, su índice de Libertad Económica evalúa como positivo cuánto represor sea el Estado en cuanto a leyes de “propiedad intelectual”, cuanto más reprima a quienes las ignoran, lo que es incongruente con la ciencia: libertad es la ausencia de coacción (violencia).
Aun así, teniendo en cuenta la ideologización de ambas instituciones, los mapas por ellas elaborados (RSF, THF) muestran a grandes rasgos que donde hay más libertad económica, hay más libertad de prensa, más libertad y más paz. China, Cuba, Venezuela, etc. están en rojo en ambos mapas, casi toda Europa en amarillo y los escandinavos en verde.