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La complejidad de la apariencia

María del Carmen Liñares | Montevideo
@|La apariencia de los seres y las cosas ha pasado a ser uno de los motores más poderosos que mueven el mundo.

Hace ya mucho tiempo que en la escala de valores mundanos, ocupa uno de los primeros lugares para lograr el éxito en lo que uno se proponga.

Si una persona encaja en la lista de atractivos de acuerdo a los actuales parámetros y si todo lo material se presenta de un modo que resulte un placer visual, ya logró la mayor parte del objetivo.

Nuestro país no es ajeno a esta realidad.

Injusto sin duda, pues los valores morales y éticos no parecen ser tomados en cuenta. Pero es irrefutable y quien lo niegue no está viendo las cosas en su verdadera perspectiva.

Nacer lindo, inteligente o en un hogar acomodado no implica esfuerzo ninguno. Simplemente se tuvo esa ventaja desde el inicio. Todos aquellos que carecen de estos atributos van corriendo de atrás antes de empezar. Todo lo logrado lo harán con el doble de trabajo y probando cada día que, a pesar de todo, pueden ser exitosos en lo que se propongan.

La sociedad debería darse cuenta del daño moral que están recibiendo todos aquellos que no encajan en el sistema por su apariencia; el doble esfuerzo que deberán hacer para ser reconocidos y la humillación que se siente cuando son mirados por ese motivo con desdén.

La depresión, el alcoholismo, trastornos alimenticios, drogas y el aislamiento son consecuencias directas de estos hechos que afectan a muchos uruguayos en su vida diaria, en la convivencia, en el ámbito social, familiar y laboral.

Los medios publicitarios deberían percatarse de que puede ser nocivo para la sociedad en su conjunto que, para aumentar el consumo, se muestren sólo las virtudes de la belleza, la perfección y la juventud, ya que éstas son efímeras y pasajeras. No es necesario caer en publicidades sensuales que por momentos son una vulgaridad, como forma de ofrecer un producto para la venta.

Al llegar a la edad madura, la sabiduría que conlleva nos hace ver claramente la importancia de los afectos que, si no supimos cultivarlos en el correr de la vida, tampoco los tendremos en esa etapa cuando todo lo demás dejó de trascender. Y lo único que realmente querremos y dio valor a nuestras vidas fue el amor y cariño recibido de nuestros seres queridos.

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