Mateo Seigal | Montevideo
@|Han pasado poco más de 3 meses desde la inauguración de la ciclovía en 18 de Julio, y en este tiempo ha generado muchas críticas y controversia, siendo las principales su implementación con poco estudio previo, el alto costo de ella y la disrupción al flujo de vehículos motorizados. Muchas de estas críticas han sido también de parte de los partidos opositores, pero con poco análisis económico sobre los derrames en la sociedad que pueda tener esta ciclovía.
Pero, ¿el fin de la ciclovía es generar una movida política, o realmente puede ser una apuesta hacia un futuro más seguro y ecológico?
Bien sabe toda la población de la capital que el tránsito es un problema serio del día a día, con repetidos accidentes en las grandes avenidas de nuestra capital y un sistema de transporte público que pocos incentivos genera para dejar de usar transporte privado. Por esto, se puede ver, a menudo, embotellamientos en varias de las zonas más transitadas de Montevideo.
La nueva ciclovía en 18 de Julio genera mayores incentivos a los consumidores a utilizar bicicletas para transportarse a distintos puntos de la ciudad, desincentivando el uso de vehículos con motor e idealmente disminuyendo el nivel de tránsito. La teoría económica dice que cuando hay dos bienes sustitutos, como autos y bicicletas, la baja en el costo de un bien genera un aumento en el consumo del bien, pero además baja el consumo del bien sustituto.
Claro está que la nueva ciclovía no disminuye el costo monetario de circular en bicicleta, pero sí lo hace de otras formas, proporcionando espacios más atractivos y efectivos para circular, y bajando los tiempos de transporte de este medio, aumentando el consumo de bicicletas y disminuyendo el consumo de vehículos motorizados.
Un gran debate que genera en la sociedad la nueva ciclovía es la seguridad, y fue, en su momento, una de las grandes críticas desde la oposición hacia el oficialismo. La ciclovía en la mitad de la calle, entre carriles donde los vehículos circulan a altas velocidades, plantea una cuestión de seguridad para los ciclistas. A pesar de que se hayan implementado medidas como los segregadores de plástico, los grupos de ciclistas sostienen que no son suficientes para protegerlos de posibles siniestros. Por otro lado, la circulación de ciclistas por ciclovías como la de Avenida Italia, en el cantero central y con una amplia separación de los carriles de la calle, suele ser más segura que circular en autos, ya que siniestros de ciclista contra ciclista tienen un impacto menor que aquellos de autos. Dicho esto, aunque la ciclovía de 18 de Julio no sea la mejor en términos de seguridad, mayores incentivos a circular en bicicleta podrían revelar un futuro cercano con menos siniestros graves y fatales en la capital.
Por último, pero no por eso menos importante, es el efecto ecológico que puede tener el aumento en el consumo de transporte en bicicletas. Hay una tendencia en alza por la preocupación del cuidado del medio ambiente, y la ciclovía no escapa de este caso. Según un estudio hecho por Statista Mobility Market Outlook, un auto contamina en promedio 10,6 kg de CO2 por 100 km recorridos, y a pesar de que no parezca mucho, la contaminación acumulada de todos los vehículos suma una contaminación importante en nuestra ciudad. Las bicicletas, por otro lado, no contaminan el medio ambiente.
He aquí otro gran derrame positivo de la circulación en bicicletas.
En suma, a pesar de que hubo mucha controversia sobre la implementación de la ciclovía, por los altos costos y la poca seguridad que brinda a los ciclistas, no quita que no haya generado derrames positivos hacia la sociedad. Si bien hay varias partes interesadas que no se han mostrado de acuerdo con la ciclovía, por las razones expuestas previamente, las intenciones de generar una ciudad más conectada por ciclovías es una apuesta al futuro importante que podría aportar mucho a la seguridad vial y al cuidado del medio ambiente.