M. Lourdes González Bernardi, Ginecóloga (R) | Montevideo
@|Con motivo de la celebración el pasado lunes 25 de marzo, Día Internacional del Niño por Nacer, me surgen varias reflexiones.
En primer lugar, no tengo ningún inconveniente en decir niño y niña por nacer. Mejor así, tal vez de esta forma caemos en la cuenta que a las niñas en gestación también se las aborta.
Es decir, la lucha en obtener el pseudo derecho de abortar, surgió de los movimientos feministas. Recuerdo con tristeza sus eslóganes “mi cuerpo, mi decisión”, “yo aborto, tú abortas”, “abortar el patriarcado”, “aborto seguro es un derecho humano” y muchos más.
Esas mismas mujeres que abogan por terminar su embarazo no desean otra cosa que eliminar su hija/o.
Pero me fui de tema, quería enfocarme en la sociedad actual y el grado de cinismo que se manifiesta cuando se publica el número anual de abortos registrados y la caída de los nacimientos en nuestro país. No los quiero relacionar, pero las cifras hablan por sí solas.
Ya estamos cerca de los 100.000 abortos en estos 10 años de legalidad, y el número de nacimientos por año es cada vez menor, en el 2023 fue de 32.300 y sigue a la baja.
La “Banalidad del mal”, concepto acuñado por Hannah Arendt describe la ceguera moral de una sociedad y cómo se pueden trivializar comportamientos que en otro momento levantaban polvareda, desde el “cayó en la droga y roba para comprarla”, a los “ajustes de cuentas”, hasta “quedar embarazada por error y querer sacárselo”. Todo se justifica, todo vale, y la lista es cada vez mayor.
Hace unos días, una consejera del CODICEN manifestó en una entrevista televisiva que en la Educación Media se evidencia “la desintegración familiar y el gran problema del consumo de sustancias”. Nadie se inmutó. ¡Están hablando de adolescentes menores de 15 años!
El alto grado de cinismo de los abortistas es sorprendente, pretenden asegurar derechos al eliminar trabas de la ley, y como muchas mujeres consultan al filo del plazo legal, no se les ocurre mejor idea que ampliar los plazos (en Colombia son 24 semanas), eliminar el tiempo de reflexión o las consultas.
Me declaro absolutamente en contra de la nefasta ley sancionada hace ya 10 años, y de toda ley de aborto. No han hecho otra cosa que naturalizar una práctica homicida. Porque hay que hablar claro, el embrión/feto en gestación es un ser humano.
Por favor gobernantes, sabemos que meterse con el IVE no trae votos, pero al menos tomen conciencia del daño producido; ese niño abortado podría ser su hija/o o su nieta/o que no lo dejaron ver la luz.