Roberto Alfonso Azcona | Montevideo
@|Cuando los números desnudan verdades:
Dólar 2019 a $37, salario mínimo $15.000.
Dólar 2024 a $39, salario mínimo $ 22.000.
En 2019 eran 405 dólares el salario mínimo.
En 2024 son 564 dólares el salario mínimo.
Para mantener el mismo salario mínimo en dólares, la cotización debería ser de $54 por dólar
Observación:
Hay un aumento del salario en dólares debido al atraso cambiario entre un dólar que hoy debería estar a $54 y está a $39.
Para el asalariado y el jubilado es un gran beneficio, le permite viajar y comprar artículos importados, esto lo vemos con las personas que han viajado a Argentina y las compras en cualquier supermercado uruguayo que está lleno de productos importados.
Para el gobierno, que cobra impuestos en pesos, le permite comprar dólares a un precio inferior al real pagando más deuda con menos pesos, lo cual es muy apreciado y recibiendo felicitaciones de las financieras internacionales que nos prestan en dólares. Manteniendo con la política monetaria tasas de interés positivas en pesos, el atraso cambiario, con lo cual se logran los beneficios mencionados.
Pero, como nada es gratis... ¿Quién paga la cuenta?
Como muchas veces en el pasado, es la producción nacional que recibe el peso de sostener esta situación.
Los productores que sufren la presión fiscal de un Estado en permanente déficit fiscal, ven cómo los impuestos en pesos los deben de pagar con dólares “flacos” que provienen de sus exportaciones. Obviamente que deben trasladar a su precio de exportación los costos en pesos, obteniendo un precio que no es atractivo para el mercado internacional y menos pueden competir con los productos importados a Uruguay, que al venir en dólares, su precio final es más barato.
Lo mismo pasa con la industria nacional, incapaz de actualizar y modernizar sus instalaciones productivas; ve como la plaza se inunda de importaciones.
La mayoría de la población que recibe sus ingresos en pesos aplaude esta política, sin pensar que se está comiendo la gallina de los huevos de oro.
Más tarde o más temprano, como siempre ha pasado, el sistema cae por su propio peso. Perdemos soberanía, dependiendo de la importación que, por distintos motivos, puede aumentar sus precios internacionales en dólares.
Perdemos fuentes de trabajo, en la medida que la producción nacional no puede sostenerse y claudica a la especulación internacional que compra tierras como inversión o forestación; cuando la industria no puede enfrentar a la importación y cierra sus puertas, dejando a la deriva a sus trabajadores.
Escondemos hoy, con las zonas francas que no pagan impuestos, cifras de exportación, aumentos del PBI, demostrando que solo evitando la voracidad impositiva del Estado es posible la producción y creación de fuentes de trabajo.
¿Qué pasará cuando se caiga este perverso atraso cambiario y quiénes se harán cargo?
Es inevitable la próxima crisis económica y que nuevamente el Estado sacrificará a muchos en beneficio de pocos.
Está dicho, que nadie se llame a sorpresa y quienes tenemos clara la visión del futuro hacemos legión para enfrentar al mal con sabiduría, buscando en el pensamiento liberal las respuestas.