Alejandro N. Bertocchi Morán | Montevideo
@|Se llamaba Monticello; era una factoría tabacalera establecida en plena segunda mitad del siglo XVIII en Virginia Occidental, que abarcaba una amplia franja territorial donde languidecían centenares de africanos que vivían y morían sometidos a la esclavitud. Ésta era una más de las tantas plantaciones similares radicadas en aquel vasto territorio dominado por los colonos angloamericanos, aun bajo la corona británica, en las que el sometimiento esclavista, según proclamaba el contemporáneo Montesquieu en su referencial obra “El espíritu de las Leyes”, suponía el yugo más oprobioso que un hombre podía imponer sobre sus iguales, resultaba el método común que campaba por sus respetos.
Su propietario era Thomas Jefferson, a la postre tercer presidente de los Estados Unidos, uno de los denominados Padres Fundadores de la Gran República y destacado autor, entre sus pares, de la Declaración de Independencia; o sea, una de las figuras de mayor importancia de una franja histórica referencial para la historia social y política de nuestra sociedad dados sus alcances en todo terreno.
Hoy la mansión que domina Monticello, construida por Jefferson desde 1768, es sede de la fundación que lleva su nombre, siendo nominado todo su entorno como Patrimonio Histórico de la Humanidad.
Traemos brevemente a colación estos capítulos pues actualmente tras el homicidio del afro descendiente George Floyd en Minnesota, acaecido el 25 de Mayo de 2020, se han observado declaraciones públicas de grupos iconoclastas de izquierda, que, por ejemplo, han derribado estatuas de Cristóbal Colón en algunos puntos del mundo donde su ideario no excluye ni al mismísimo Jefferson. Interesante polémica pues fue éste quien manifestó siempre hallarse contra la trata atlántica de esclavos en las que Inglaterra avasallaba por sus respetos y, por ende, propuso una serie de normas que buscaban una emancipación gradual, cosa que no fue lograda y solo se dio paso en algún estado norteño a la denominada manumisión.
Henry Wieneck, uno de sus tantos biógrafos suscribió que Jefferson desarrolló una conducta pública dual señalando que “nunca alguien consiguió tanta fama por algo que no hizo”; afirmando que sus acciones políticas contra la esclavitud nunca estuvieron a la altura de otros de sus contemporáneos y jamás logró desembarazarse de ella pese a tener un enorme peso político. Monticello llegó a poseer 600 esclavos. Empero, asimismo, dentro de esa misma línea todos sus biógrafos coinciden en que mejoró las condiciones de vida de sus esclavos aunque nunca renunció a las ventajas de disponer de seres humanos que para él trabajaban.
Hombre de sus tiempos, al fin Jefferson debe analizarse bajo la perspectiva de su siglo y no recaer en ucronias hoy lamentablemente a la moda y arreadas desde pensamientos de la izquierda más cerril. Al fin de cuentas, fue el presidente Abraham Lincoln, muchas décadas adelante, quien mediante una cruenta guerra civil puso punto final al gravoso tema esclavista. Aunque recién casi 100 años después, fueron sus colegas John F. Kennedy y Lyndon Johnson los que lograron cerrar esta lastimosa brecha con la histórica Ley de Derechos Civiles de 1964.