Juan Pedro Arocena | Montevideo
@| Una reciente encuesta de Equipos vuelve a clasificar la opinión pública uruguaya usando estos términos. Sería hora que los cientistas políticos fueran pensando en sustituirlos por otros que representen mejor la línea divisoria que separa lo que realmente importa, tanto en Uruguay como en todo Occidente. Me explico:
Si Ud. se considera de izquierda, probablemente simpatice con regímenes como los que imperan en Rusia o China. Al menos hacia allí han dirigido su política de alianzas, no sólo Cuba, Nicaragua y Venezuela, sino ahora también otros países sudamericanos en donde la izquierda se ha hecho del poder en elecciones limpias, como lo son Argentina y Brasil (nada menos).
Pero ocurre que Rusia y China, en lo económico, han dejado de aplicar el socialismo real y se han pasado decididamente al capitalismo.
Si Ud. sigue simpatizando con estos regímenes por su antiimperialismo, sería bueno que tuviera en cuenta que los imperialismos europeo y norteamericano están desde hace muchas décadas (descolonización política y globalización económica mediante) en franco retroceso, mientras que el ruso y el chino se encuentran en pleno desarrollo.
Lo que probablemente suceda es que Ud. esté confundiendo antiimperialismo con antiamericanismo o antioccidentalismo. Son cosas muy diferentes. La primera categoría es sustancial y la segunda, sólo una trivial frivolidad identitaria por la negativa.
Podría ser que su simpatía por estos regímenes fuera política; esto implicaría acusar una mayor preferencia por el autoritarismo de Putin o por un sistema de partido único como el que impera en China. Si así fuera, estaría optando por alternativas netamente antidemocráticas; algo no demasiado novedoso en la izquierda si recordamos aquello de la dictadura del proletariado. Pero ocurre también, que allí se va a dar la mano con la derecha más conservadora que simpatiza con personajes netamente autoritarios como Bolsonaro o Trump, quienes también prefieren a Putin. Y si volvemos a la economía, tengamos en cuenta que Trump se mostró tan enemigo del libre comercio global como el kirchnerismo.
Es probable que siendo de izquierda, Ud. se muestre partidario de que los poderes del Estado intervengan permanentemente en los acuerdos de los privados, distorsionándolos en favor del polo supuestamente más débil de los contratos; es decir, el deudor, el trabajador, el inquilino.
Lo que va a lograr ya lo conocemos y consiste en dinamitar las bases de los mercados de crédito, de trabajo y de vivienda. Se va a presentar ante la opinión pública como un benefactor, pero estará engañando a quienes en el mediano plazo resultarán significativamente perjudicados. Allí va a tener un compañero de ruta de derecha: Cabildo Abierto. Ya son varias las veces que suman votos en el parlamento. Es hora de preguntarse, ¿por qué?
Porque lo que hoy se enfrenta y divide a las sociedades no son ya dos sistemas económicos en pugna. El capitalismo y el comunismo fueron el meollo de un enfrentamiento que quedó atrás, como un fenómeno del siglo pasado. Hoy acontece que el triunfo del capitalismo ha sido total y no ha dejado en vigor alternativas reales. Los discursos pretendidamente anticapitalistas caen en el vacío de contenido más absoluto y los programas de gobierno que adoptan este temperamento (tales como el del FA) quedan reducidos a aspiraciones de deseos sin ningún contacto ni referencia a medidas concretas de gobierno que puedan hacerlas realidad.
El antagonismo se da hoy dentro del capitalismo y enfrenta al populismo (que entorpece su desarrollo y que proviene tanto de la izquierda como de la derecha) con las ideas liberales.
En Uruguay cualquier informativista calificará a Milei como un ultraderechista por su extremo liberalismo, mientras que en USA se suele identificar al pensamiento liberal con la izquierda. Siendo así, izquierda y derecha han quedado reducidas a intrascendentes definiciones identitarias: si se usa la barba o la corbata, si gusta de la murga o del folklore nativista, si utiliza lenguaje inclusivo o tradicional, si colabora con la construcción del muro de yerba a toda hora y en todo lugar o si disfruta del mate ya sea en su intimidad o compartiéndolo en la rueda del fogón.