Juan Pedro Arocena | Montevideo
@|Cuando estas líneas se escriben, Juan Castillo está presionando al Frente Amplio para que se convoque a una movilización “a favor del respeto y la defensa de la democracia”. El reclamo se basa en las presuntas presiones que habrían afectado a un poder del Estado (el Judicial) a partir de las declaraciones de una autoridad de un partido político que pujará en las próximas elecciones por obtener bancas en el Parlamento Nacional (Poder Legislativo) y la Presidencia de la Nación (Poder Ejecutivo). Desde luego que Castillo (como todo el PCU) apoya y se solidariza con un régimen de partido único como el cubano (Fidel: “el pluripartidismo es la pluri porquería”), en donde no existe la división de poderes y las elecciones se ganan con el 100% de votos a favor del oficialismo. Flagrante: tercera acepción de la RAE: “De tal evidencia que no necesita pruebas contradicción flagrante”. Abundar en ello sería desperdiciar palabras.
Pero lo interesante es descubrir el móvil que puede llevar a los seres humanos y a colectividades políticas a ese grado de desfachatez. Desde luego que siempre está la hipótesis de la mala fe del político que quiere el poder por el poder mismo mientras su pensamiento discurre en las antípodas de sus declaraciones. En palabras de otro comunista (A. Gramsci), la mala fe puede mover a algún dirigente aislado, pero nunca será la motivación del hombre masa. Y será el hombre masa el que concurra a la movilización que organiza Castillo.
El PCU conserva su filiación leninista y sabemos que Lenin destripó la palabra “democracia” llegando a afirmar que toda democracia burguesa es una dictadura y que toda dictadura proletaria es una democracia. Así como en el actual post marxismo todo es analizado desde la perspectiva de género, en el marxismo clásico, toda categoría política (democracia, dictadura) es analizada desde la perspectiva de clase. En parte, esta posición doctrinal es la que explica el apoyo, no sólo del PCU, sino de la mayor parte del FA a regímenes como Cuba, Venezuela, Nicaragua, etc.
La tesis de la democracia (dictadura) proletaria tuvo cierta verosimilitud, mientras las potencias comunistas ocultaron el padecimiento del propio proletariado, en el seno de lo que debería ser una dictadura que gobernaría en favor de sus intereses. Pero el comunismo cayó y la clase obrera festejó su caída o en el mejor de los casos, después de 70 años de una dictadura que se instaló en su nombre, la observó caer con indiferencia. Quedó así demostrado que todo régimen comunista es una dictadura, pero no “del proletariado”, sino de una camarilla que se hace del poder y gobierna para ella.
Dejemos atrás las hambrunas del estalinismo y del maoísmo y situémonos en el siglo XXI. A 65 años de su revolución, Cuba no produce leche para sus niños y tiene enormes carencias de cereales básicos como el trigo, el maíz y el arroz. Al pueblo cubano el régimen comunista lo transformó en mendigo, por lo que su dictadura tampoco gobierna en favor de las clases mayoritarias. Sólo el cinismo del Foro de San Pablo la declara “Patrimonio Universal de la Dignidad”.
Lo que motiva al comunista de buena fe es algo que está inserto en todo manual leninista: la permanente agitación social, o lo que es lo mismo: crear las condiciones subjetivas de la revolución. No importan la democracia, ni la libertad, ni los derechos humanos, lo que importa es la “permanente movilización de las masas”, atrás de lo que sea: la democracia o la ballena azul. Da lo mismo. El PCU no ha tomado cuenta de que la agitación permanente ha perdido en su desarrollo nada menos que su objetivo final (la sociedad comunista), principal componente de toda estrategia política. Así, los comunistas uruguayos permanecen en esa inercia conductual propia del autista que se ve impedido de detener lo que está haciendo, aunque lo que haga ya no tenga propósito alguno y su contacto con la realidad sea meramente destructivo. Son el partido político más importante del Frente Amplio y siempre y en todo lugar se han valido de la ayuda de los sedicentes moderados socialdemócratas para hacerse del poder.