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Ideología de género y el neo-marxismo


@|En la IV Conferencia General sobre la Mujer de la ONU (Beijing, 1995) se produjo un movimiento inesperado que cambió el objetivo de la reunión, un grupo de militantes logró que se interpretara la categoría “Mujer” desde la “perspectiva de género”. A partir de ese momento se comenzó consolidar un movimiento global en base a la llamada “Ideología de Género”.

Judith Butler, una de las ideólogas de esta corriente, en su libro (Gender Trouble: feminism and the subversión of identity, Ed. Routlege, New York. 1990) plantea que: “Cuando se teoriza que el género es construido radicalmente independiente del sexo, éste se transforma en un artificio sin ataduras, con la consecuencia de que hombre y masculino podría fácilmente significar un cuerpo femenino o uno masculino, y mujer y femenino un cuerpo masculino tanto como un cuerpo femenino”.

Shulamith Firestone (1945-2012), reformuló el feminismo como un proyecto radical en el sentido marxista. En 1970 publicó su obra cúlmine: “La dialéctica del sexo. En defensa de la revolución feminista, Ed. Kairós, Barcelona. 1976”. En ella, Firestone modificó el análisis de la lucha de clases realizado por Engels: “Para garantizar la eliminación de las clases sexuales, es necesario que la clase oprimida (las mujeres) se rebele y tome el control de la función reproductiva”. Y declara: “La revolución de las mujeres para controlar los medios de reproducción es paralela a la revolución del proletariado para controlar los medios de producción, y hoy es técnicamente posible: la píldora el aborto, la reproducción asistida, etc.”.
Para la autora, la familia es la causa de la existencia del tabú del incesto, el auténtico origen de la represión sexual percibida por el niño desde la infancia. Bastará por tanto con eliminar la familia biológica para eliminar el tabú del incesto y, en consecuencia, desinhibir los instintos reprimidos, o las pulsiones básicas del placer que oprimen a los individuos y a la sociedad. Llegaríamos así a la sociedad del Eros, presidida por el principio de placer.

Especial consideración tiene para Firestone el tema de los niños. La infancia también es una construcción cultural, y de la misma manera que debe producirse una emancipación de la mujer, debe también producirse una emancipación sexual de la infancia (sic). Ella repudia la cultura de protección y cuidado de los niños, y entiende que el programa del feminismo radical debe (…) conseguir la emancipación de la infancia.

Firestone dice en su obra que, desaparecido el tabú del incesto, “si el niño escogiera la relación sexual con adultos, aun en el caso de que escogiera a su propia madre genética, no existirían razones a priori para que ésta rechazara sus insinuaciones sexuales (sic). Las relaciones con los niños incluirían la cantidad de sexualidad genital de que el niño fuera capaz (sic)” (pp. 299-301).

Examinando las políticas de Gobierno en nuestro país, en el ámbito de la llamada agenda de derechos (aborto, matrimonio igualitario, adopción por parejas homosexuales, guías de educación sexual en la educación) es evidente que la ideología de género está dictando la agenda de nuestros legisladores.

Los agentes de esta ideología se encuentran entre nosotros, utilizando todos los medios para permear insidiosamente su mensaje en el ideario colectivo. Se han encaramado en ministerios, ONGs, organismos internacionales, etc., desde dónde ejercen pacientemente su función de reconstrucción de nuestras costumbres y tradiciones. Utilizan al movimiento feminista no radical como caballo de Troya. Engañan a gentes bien intencionadas que no llegan a comprender el alcance de los oscuros designios que esta caterva de inicuos personajes va sembrando subrepticiamente.

No dejemos que ideologías contranaturales, ambientadas, promovidas y financiadas desde “prestigiosas” organizaciones globales, y que son recibidos con beneplácito por nuestro progresismo neo-marxista vernáculo, se atrincheren en lugares claves del poder para de-construir (como gustan decir) los cerebros de nuestros hijos. Tenemos que parar esta marea pestilente que ha llegado hasta nuestras costas para erosionar nuestra herencia de más de 5 milenios de moral civilizatoria Judeocristiana.

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