Dr. Isidoro Luis Felcman | Maldonado
@|“I have a dream” (tengo un sueño) dijo Martin L. King: “que la gente, sin importar su color de piel, pueda coexistir armoniosamente y como iguales en un futuro”. Eso cambió el rumbo de los EE.UU. sobre la cuestión racial.
“I have a dream” dijo un desarrollador inmobiliario para justificar un Hotel “de Campo” sobre las dunas de La Juanita.
“We have a dream” (dicen los vecinos): ser un pueblo de mar y playa, donde se vive con tranquilidad, orden y armonía, dentro un ambiente biodiverso de alta naturalidad y con oferta turística de nivel mundial por sus servicios de excelencia.
A veces los sueños de unos y otros parecen incompatibles. Quizá es cuestión de descubrir un punto de encuentro. Veamos.
Creo en el espíritu emprendedor: el que ciertos empresarios emplean para innovar formas de producir, con un proceso virtuoso de “destrucción creativa”: viejas formas se abandonan, nuevas formas prevalecen. Héroes que van hacia lo desconocido, alentados por la “codicia empresaria” y el aliciente de acumular ganancias extraordinarias. Así nacieron el telar mecánico, la luz eléctrica, la radio, la televisión, el celular.
¿Cuál es el motor de ese espíritu codicioso, creador y destructor al mismo tiempo? Riqueza es uno, poder el otro.
La voluntad de poder, es una fuerza inconsciente, irracional, que nunca se detiene. Logrado un objetivo va por el siguiente. Ese deseo irrefrenable lo quiere todo, especialmente lo que tienen los demás. A esto se lo llama “deseo mimético” y voluntad de poder. Agreguemos megalomanía.
¿Qué pasa cuando la destrucción creativa se vuelve destrucción irreversible de bienes comunitarios, al querer construir sobre las dunas, sin respetar normas de protección de los 150 metros de franja costera?
Construir allí altera el equilibrio natural de las dunas y las dispersa. Sin esa protección, el viento y las fuertes olas golpean directamente al continente y dañan la infraestructura: rutas, casas, espacios comunitarios y playas. En este caso, podría destruirse la Ruta Nacional 10 y, en cuanto a la playa, ésta desaparecería. Nos convertiríamos en “un pueblo de playa…sin playa”.
¿La codicia empresaria, la voluntad de poder y el deseo mimético megalómano, pueden ir en contra de una comunidad? Hace unas semanas atrás creció el mar. El agua llegó a las dunas, en el mismo lugar donde se piensa implantar el hotel. ¿Qué pasará cuando éste se inunde y el mar se termine llevando todo, convirtiendo ese maravilloso lugar en un cementerio abandonado?
Terminaré con una metáfora. El Dr. Víctor Frankenstein es un científico que tiene un sueño: construir una criatura “humana” con trozos de cadáveres. Sólo le falta un cerebro. Hace todo lo que sea necesario, incluso matar, para conseguirlo. Cuando lo logra, crea un monstruo de personalidad agresiva, que destruye todo lo que encuentra a su paso y mata. ¿Como termina esto? La criatura, que todos llamamos “Frankenstein”, muere desintegrada con ácido. Víctor Frankenstein, ejecutado en la guillotina. Propuesta: escribamos una nueva versión sin monstruos y con el Dr. Víctor Frankenstein aclamado como héroe, por un invento que beneficia a la comunidad (y no la destruye).
Los grandes conflictos suelen superarse con grandes diálogos y las personas inteligentes saben bien cómo hacerlo. El Estado en ese caso cumple un rol central para asegurar el bien común. Confío que todo eso sucederá en este caso. Hasta la próxima.