Néstor Lioret | Montevideo
@|Mi amigo, el viajado, me llamó a horas intempestivas y me dijo: “La guerra llegó a Uruguay”.
Me dijo que la guerra estaba disparando al alza los commodities, el petróleo obvio, la soja (¡vamo Uruguay nomá!) y el refugio tradicional, el incorruptible oro. Es así que la gente sale a empeñar o malvender el metal dorado en Uruguay (no es el Narnia que me vendieron en el discurso del 1° de marzo). ¡Cuidado! Nuestros malvivientes salen a arrebatar collares o cualquier bisutería que brille. Le pasó a la madre de un amigo, con él a su lado, en pleno Centro de Montevideo, al mediodía.
La crisis que traerá el conflicto le da energía a un tsunami que se dirige a nuestro país (Dios quiera que no llegue).
Mientras tanto, la claque gobernante me hace acordar a los tres chiflados.