Dr. César E. Fontana | Montevideo
@|Normalmente y por lo menos hace algún tiempo a los abogados no nos gustaba demasiado pedir la habilitación de una Feria Judicial para realizar algún trámite en razón de que muchas veces no era concedida o se demoraba en lograrlo o en no pocas situaciones cuando finalmente se concretaba y se peticionaba algo el juzgado de feria disponía híbridamente alguna cosa tal como que se estuviera a lo que decidiera el titular de la sede a su regreso. En suma, la habilitación no había conseguido nada, salvo pérdida de tiempo y esfuerzo cuando la mayoría de los seres humanos “normales” están disfrutando de las delicias veraniegas en las playas o viajando por algún ligar del orbe.
Pero para quienes se quejan de la lentitud de los procesos judiciales se notan ahora algunos cambios en el ambiente, de manera que no es asunto de quejarse sino de celebrar. Así es, el último día del año que acaba de finalizar y en plena Feria un órgano judicial dispuso una prisión preventiva sobre varias personas vinculadas al llamado caso Roslik, en contradicción con lo resuelto originariamente por el juez actuante.
Quien esto escribe conoce del caso Roslik solamente lo que la prensa ha mencionado en los últimos días, así como bastante borrosamente lo que dicha prensa decía allá por el año 1984 cuando aconteció el lamentable hecho, llamándole la atención exclusivamente el número algo elevado de involucrados según se informa, independientemente del controvertido tema de si procede o no seguir imputando delitos de un tiempo tan pretérito, 41 años, esto es, como si en 1945 se siguieran juzgando reales o supuestos crímenes de la época de nuestra última guerra civil. Pero ese no es el objeto de las presentes líneas, lo es en cambio la celeridad judicial que lógicamente debería ser bienvenida.
Resulta acertado pensar que no es bueno indagar o tratar de imaginar qué puede haber detrás de las decisiones que adoptan los seres humanos, en primer término porque es algo imposible de demostrar y en segundo lugar porque se corre la posibilidad de ser injusto, aunque de todas maneras a veces hay extremos que pueden llegar a llamar la atención. Al respecto, para esos casos y cosas poco usuales, extraordinarios o no muy comprensibles viene a cuento el recordado humorista Eduardo D’ Angelo a quien se le atribuye la frase con la interrogante de: “ ¿Usted no sospecharía”? No lo sé, salvo que esto tampoco resulta bueno tratándose de la Justicia.