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Estamos a tiempo...

Dr. Julio Cardozo Conde | Canelones
@|De no ser un narcoestado.

Uruguay no es un narcoestado. El mundo no lo considera de esa manera, más allá de la producción local de drogas sintéticas que imitan los efectos de las reales de origen vegetal.

Aquí, aún, no podemos hablar de una “narcocultura” como le dicen en México, ni de una “banalización de la violencia”, de la que se habla en Brasil.

A pesar de las expresiones del Ministro Negro al iniciar el desempeño de su cargo, en cuanto a que la guerra contra el narcotráfico estaba perdida, éste no controla jurisdicciones enteras como lo hace en otros países.

Nadie puede negar que ha habido grandes incautaciones, así como también procesamientos. Somos un país de tránsito de las drogas y lavado de dinero, lo cual no deja de entrañar un peligro enorme, máxime cuando mucha gente empieza a normalizar esos actos, aunque no los justifique.

La Secretaría Nacional para la Lucha contra el Lavado de Activos y Financiamiento del Terrorismo advierte que los sectores más propicios para el lavado se encuentran en los sectores financieros, clubes deportivos, mercados inmobiliarios y zonas francas. Todo lo relacionado con la violencia ha dejado de shockearnos y podemos hablar de la “anestesia social”.

Las acciones del narcotráfico son percibidas por la gente como algo que no se puede evitar y, bien claro está, se superó el umbral de lo aceptable.

La salida hacia el océano Atlántico hace que seamos un territorio apetecible para el embarque hacia Europa de sustancias provenientes del centro del continente.

No somos un Estado “funcional” al narco, pero tenemos un crimen organizado que nos lleva en forma permanente hacia la violencia por la rivalidad entre las bandas locales.

El sicariato está entre nosotros desde hace tiempo. Hoy día no se habla tanto de combatir al narco en forma directa sino de gestión y control de daños.

Montevideo y Canelones continúan siendo los departamentos que están más complicados y hay sitios en los que el estampido de las balas parece una cortina musical. En definitiva, sabemos bien que hace falta tener dinero en proporciones bíblicas para invertir en todo lo que falta para dar una respuesta efectiva que lleve a algo que se parezca a la tranquilidad.

La lucha contra este estado de cosas podría redefinir nuestra identidad y por las generaciones que se vienen, vale jugarse esa parada. Y vaya que hace falta.

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