Alejandro A. Tagliavini | Estados Unidos
@|¡España (y la Argentina del “español” Messi), campeona (y segunda) del mundo!
Después de una campaña para la historia del fútbol, en la que ambos equipos demostraron tener gran juego, profesionalismo, coraje y resiliencia, la selección de fútbol de España triunfó sobre la de Argentina y ahora es campeona mundial por segunda vez en su historia, la primera fue en el año 2010.
Por qué los mundiales de fútbol son tan populares. Es una combinación de sana pasión por el deporte y la competencia, la eficacia del sector privado y un círculo vicioso de gobiernos que aprovechan la propaganda y la potencian.
Muchos se benefician, patrocinadores, televisión, prensa, vendedores de camisetas, pero particularmente la FIFA que obtiene, entre copa y copa, beneficios netos de hasta USD 13.000 millones y que, aunque es una organización privada, debido a sus negocios con los Estados parece una corporación que busca recibir la mayor cantidad posible de fondos estatales.
Simon Kuper y Stefan Szymanski aseguran, en su libro “Soccernomics”, que la única motivación que tienen los gobiernos de los países desarrollados para apoyar los torneos de fútbol es la de “mejorar la sensación de bienestar” de los ciudadanos cohesionándolos atrás de un objetivo común. Por cierto, en términos de “cohesión nacional”, euforia, convocatoria de voluntades y apoyo popular son mucho más efectivos que las guerras que crean los políticos y que solo sirven para destruir.
El segundo Mundial de Fútbol se jugó en la Italia de 1934. Carteles mostraban un jugador haciendo el saludo fascista. Árbitros permisivos dejaron que Italia ganara. En el Mundial de Francia de 1938 los italianos saludaron con la mano extendida recibiendo un abucheo ensordecedor. Italia ganó y La Gazzetta dello Sport exaltó “la apoteosis del deporte fascista en esta victoria de la raza”.
Un problema serio es la ausencia de derechos de propiedad a raíz de legislaciones estatales donde los clubes son sociedades de personas y no de propietarios. Los socios pueden usufructuarlas, pero no son dueños. No hay política en los hipódromos o el golf. No es un problema de deportes masivos. No hay política en el béisbol, porque los derechos de propiedad son claros y cada equipo, cada estadio, tiene un dueño privado que cuida su propiedad, su negocio, con el celo que merece.
En cambio, cuando el Estado interviene, regula, en la medida en que lo hace, necesariamente utiliza esa amplia tribuna para adoctrinar. Un mundial solo es buen negocio si está basado en el sector privado. Hasta ahora, el más rentable (y con los estadios más llenos) fue la Copa organizada en EE.UU. en 1994, que le costó al gobierno solo USD 50 millones. Veremos cómo terminaron las cuentas en este 2026.
Esto se está revirtiendo gracias a la desregulación en Europa y la propiedad privada en EE.UU., donde actualmente juega Messi. Por caso, en 1988, el gobierno español realizó una desregulación parcial y, desde entonces, gran parte de la actividad futbolística pasó al sector privado, y el fútbol español se desarrolló notoriamente.
Así, resulta que la selección albiceleste incluye una mayoría de jugadores que juegan en clubes de Europa y que han progresado gracias a ellos. De hecho, si bien Messi nació en Argentina y aquí hizo sus primeros pasos, su desarrollo profesional lo realizó casi completamente en España. Es decir, sin dudas, profesionalmente Messi es español, ergo, con él ganó el profesionalismo español, ganó España.