Carlos Sarroca Solé | Montevideo
@|Se añora y discute a diario sobre la libertad. Se la reclama y se aprovecha de ella. Cerca y cada vez más, el libertinaje raudo ocupa más casilleros en nombre de la libertad...
Junto a ellos, aunque lejanos, está la esencia del problema: la cultura, el salvavidas del hombre.
Lamentablemente pierde terreno a diario; presente desde un extraño léxico llegando a situaciones inconcebibles. Su deterioro es sistémico, ganando ámbitos que sorprenden, permitiendo el desenfreno.
Aparecen individuos con títulos falsos o de quienes no los detentan, accediendo a cargos relevantes. El entuerto es grave. La agresividad gratuita e in crescendo por parte de actores políticos o de quienes se consideran discriminados. Llegando a cuestionar las bases del hombre. Culminando con la delincuencia y su ritual diario en los medios de difusión; expresión máxima de lo poco que vale la vida en esos ambientes. Testimonios del deterioro social y moral, habiendo quienes lo interpretan como viable o con muletillas para llegar a aceptarlas en nombre de una libertad mal entendida.
Explicación de la falta de civilización y límites para la convivencia. Faltantes no valorados ante la magnitud del daño, ni sus consecuencias.
Se ha perdido el músculo, expresión a inicios del siglo XX en nuestro país, señal del decaimiento del trabajo y la civilización en el medio.
Pasó un siglo y la parálisis continúa, escenario de tristeza, pobreza; el libertinaje cunde sin freno.
Es irrebatible que la falta de cultura es la causa del problema, del progreso y freno al desastre.
A fin de progresar, la libertad debe hacer uso de sus instrumentos marcando los límites, como debió hacerlo el señor Presidente. Ejemplo de algo que no puede ocurrir; llegando, en otros terrenos, a actuar con firmeza o se continuará con las muertes, rapiñas y demás.
No se debe seguir atando las manos a quienes deben aplicar la justicia, ya que se llega a justificar a los delincuentes sin razones. No hay que simular ceguera, hay que ver la realidad. Los ejemplos de cómo se actúa en países considerados ejemplos de libertad muestran que hay autoridad; aquí se levantarán voces discordantes, por el solo hecho de disentir.
Aquellos que actúan y crean ese libertinaje deben acatar lo que señalan las leyes, los límites entre libertad y exceso, como ocurre en toda sociedad civilizada. No hay que aprovecharse a fin de defender lo indefendible; escoria con destinos conocidos.
El pueblo quiere crecer. No hay que poner freno a todo; hay que ser patriota. No a la mezquindad y el libertinaje.