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Empezando por Ormuz

Alejandro A. Tagliavini | Estados Unidos
@|¿Estatizamos o privatizamos los mares?

Lo que comenzó como una campaña para disminuir las capacidades nucleares de Irán y debilitar sus redes terroristas se ha transformado, principalmente, en una disputa por el control de una de las rutas más importantes del mundo, el Estrecho de Ormuz.

Por cierto, en el camino quedaron las esperanzas de los iraníes de librarse de la sangrienta tiranía de los ayatolas. Por el contrario, después de innumerables muertes por todos lados y masiva destrucción, este régimen se ha fortalecido demostrando, una vez más, la inutilidad o, mejor dicho, lo contraproducentes que son las guerras.

Si el actual conflicto deja a Ormuz bajo el control permanente de Irán —o de EE.UU.— cobrando peaje, podría suponer el principio del fin del libre paso por mar abierto, un concepto sobre el que se ha sustentado el comercio global desde que la humanidad existe.

En su artículo “La guerra con Irán se ha convertido en una batalla por una cabina de peaje”, Hanna Ziady y David Goldman citan a Erik Grundt, argumentando que “Esto podría sentar un precedente peligroso y hacer que el comercio marítimo internacional sea mucho más caro”.

Si esto sucediera con una empresa privada en un mercado libre, no supondría un problema, por el contrario, implicaría una mejora, ya que en este tipo de situaciones los clientes solo pagan por aquello que les conviene. Es decir, en un mercado libre, en competencia, sin monopolios creados por los Estados, cualquier aumento de tarifas solo sería pagado por los consumidores si, a cambio, obtuvieran una mejora superior a la suba del costo; de otro modo irían a la competencia directa, alternativa o sustituta.

No sé con seguridad qué podrían aportar eventuales privados que controlaran vías marítimas, ya que no conozco antecedentes, pero quizás un mejoramiento de las vías navegables, mayor seguridad y asistencia en casos de imprevistos o accidentes, como ocurre en las autopistas privadas y esto podría significar una reducción en el tiempo de viaje y en el valor de los seguros logrando una baja del costo para el consumidor.

A Trump le gustó la idea iraní, declarando que EE.UU. cobraría a los barcos comerciales que pasaran por Ormuz una tasa del 20% por los esfuerzos para proteger la vía acuática; amenaza que abandonó horas después de publicarla en redes sociales.

A pesar de lo absurdo del precio, la amenaza de Trump legitimó las acciones de Irán; una ironía que el régimen se apresuró a señalar, sarcásticamente, en redes sociales diciendo que la tarifa de Trump es demasiado alta. “El 20% es, por supuesto, demasiado”, escribió el ministro de Asuntos Exteriores iraní, en X, “Seremos justos”. Irán supuestamente cobraba a los petroleros entre 1 y 2 dólares por barril a bordo, llevándose aproximadamente 2 millones de dólares por Very Large Crude Carrier (VLCC).

La monetización de Ormuz podría sentar un precedente para otros puntos de estrangulamiento globales, incluyendo Gibraltar, Taiwán, Dover y Malaca; los ingresos anuales potenciales por pasajes superarían los 136.000 millones de dólares al año, según una estimación de analistas senior de Rystad Energy, lo que significa una gran tentación para los políticos siempre ávidos de quedarse con el dinero ajeno.

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