Wilson, un jubilado | Montevideo
@|¿Qué puede escuchar hoy el elector de las elecciones internas? Sonatinas, milimétricos diagnósticos, inéditas sonrisas, estudiados ademanes, tonos vocales trabajados, poses estudiadas, asesores de imagen, promesas celestiales con el anzuelo fructífero que se trocará en votos. Ya hace tiempo que busco y vislumbro una respuesta de paz espiritual y material.
¿Qué son los jubilados uruguayos? ¿Califican como seres humanos? Claro que sí. Certezas de pasados trabajadores que entonces aportaron con creces y, en muchos casos, hoy reciben una jubilación de supervivencia (en pocos casos no).
La realidad es que son muchos votos que deciden en los desenlaces electorales.
Cuando trabajaban eran los inefables descuentos, en sueldos, horas extras, premios, aguinaldos, salarios vacacionales o cualquier ingreso. Pero las personas activas reciben un aporte a mitad de año y otro en diciembre. Son pesos vitales, desahogos de oxigenación salarial.
Hace décadas que una mente lúcida y sagaz decidió que el rubro jubilado no lo percibiría más. Tal vez con la promesa de que volvería un día “democrático”. Hace muchas décadas que volvió la democracia, los demócratas vestidos de señores políticos. Escuchen a todos esos ciudadanos; más allá del ornamento circunstancial, no se los oye ni tangencialmente florear esa promesa. Triunfan los peros... No existe restitución para lo ganado en diarias jornadas de trabajo.
Este gobierno tuvo el gesto hazañoso de hacer una quita al sagrado IRPF. Una pequeña mengua. Lo hizo y no hubo más. Tampoco hubo aplausos de la prensa atenta! Solo el realismo del diccionario nos dará la visión palpable de lo que significa el aguinaldo para el que siempre aportamos y nos descontaron cuando éramos “activos”.
Sigo escuchando promesas pero no esa. ¡O será que no es conveniente caminar por la fluctuante cornisa, mis estimados señores políticos!
Y esta opinión, es una voz sola. ¡No pesa!