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El votante del Frente Amplio (I)

Juan Pedro Arocena | Montevideo
@|Conforme a encuestas realizadas en la última elección los votos del Frente Amplio se distribuyen con bastante uniformidad tanto por el nivel de ingreso como por el educativo, por franjas etarias, por género y en buena medida también, en lo que respecta a nuestra división geográfica en capital e interior.

Dentro de esa dominante uniformidad, la captación de votos del Frente Amplio exhibe una pequeña desviación al alza con respecto al promedio en los sectores de ingresos medios altos, en el voto de la capital sobre el interior, en el nivel educativo medio (bachillerato), en el voto de la mujer y un desvío ya algo más notorio, pero a la baja con relación al promedio, respecto de los votantes mayores de 60. Anotemos que la sola lectura de estas cifras resulta suficiente para dar por tierra con todo análisis social reduccionista, entendiendo por tal esa forma de pensar que percibe la realidad en función de una única perspectiva, ya sea la de clase social (marxismo) o la de género (posmarxismo), entre otras.

Existe una interesante investigación de la UDELAR (que, si bien data del 2007, podemos convenir en su vigencia, dado que los elementos relevados pertenecen a una idiosincrasia que tiende a mantenerse en el tiempo) que estudia los diversos factores que incidieron en la decisión del voto en 2004; ellos son, entre otros: la percepción económica, voto por grupo familiar, por grupo de amigos, según autoidentificación ideológica, por tramos etarios o por frecuencia con que se habla de política. La incidencia por autoidentificación ideológica como causa del voto frenteamplista es incomparablemente mayor en el Frente Amplio con relación a los demás partidos. Haciendo cuentas, más de la mitad de los votantes frenteamplistas se autoperciben como de izquierda (más de 330.000) o de extrema izquierda (más de 220.000). Se suman a éste, otros dos factores determinantes del voto frenteamplista en mucho mayor medida que lo que inciden en los demás partidos; ellos son: el voto por grupo de amigos y el voto por grupo familiar.

Transitando desde los datos numéricos a los conceptuales, podemos concluir que el voto frenteamplista está determinado en gran medida, no por la ideología en sí, sino por la autopercepción ideológica (que no es exactamente lo mismo) y por factores identitarios (pertenencia a un grupo familiar o de amigos). El común denominador de estos fenómenos se llama “hegemonía cultural”. Existe un núcleo duro, ideologizado y minoritario que, a pesar de las derrotas incontrastables de la izquierda en el campo de la realidad social y económica a lo ancho del planeta, ha logrado prestigiar la cultura de izquierda, la sensibilidad de izquierda y esa pretendida “moral superior” de la izquierda. No son el “mayor número” (en cierta forma podríamos asimilarlos a los intelectuales que nos refiere A. Gramsci) pero hablan, escriben, acaparan prensa y generan cultura de manera mucho más contundente que el resto del “mayor número”.

Así, autopercibirse de izquierda, ayuda a mejorar la autoestima individual, aunque el mayor número que adopta ese ideario creyendo conocerlo no tenga la menor idea de sus nefastas consecuencias fácticas a la hora deponerlo en práctica. Los factores identitarios hacen el resto. Alcanza con que en cada grupo de pertenencia haya un individuo ideologizado para que monopolice el discurso político y, a poco de andar, su manera de pensar se convierta no en función de sus fundamentos sino más bien por mera repetición en el pensamiento del grupo.

Siempre se hablará de violación a los derechos humanos. Pero no se construye hegemonía hablando del tema en general. La violación de los derechos humanos que sistemáticamente se condena es la que proviene de la derecha. Como si en esa materia la izquierda no exhibiera los horrores que nos muestra su historia y su presente. Siempre resultará gracioso ridiculizar a los políticos. Pero no se construye hegemonía tomándole el pelo a todos por igual. Si convalidamos el dudoso significado de los términos, siempre estaremos riéndonos de los políticos de centro, centro derecha o derecha.

Una gran artillería de expresiones tan atractivas en lo estético como de resultados sistemáticamente catastróficos van conformando inadvertidamente un pensamiento de grupo funcional al FA.

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