Néstor Lioret | Montevideo
@|Mi amigo, el viajado, me llamó desde la calurosa Madrid y sumado al festejo mundialista, me comentó que se encontraba en el Mercado de San Miguel degustando unos boquerones con un tempranillo. Me agarró con la guardia baja y sin preámbulos me comparó el gobierno actual con el último de los Habsburgo, que el Señor Presidente de la República, profesor de Historia, no precisa aclaración.
El punto es que me sacudió a la oposición, a la que comparó con los tres monitos, presas de un silencio inexplicable; alguna razón tendrán para no cumplir con la función para la que fueron electos, balbuceando cuidar la institución presidencial.
Le retruqué que, de acuerdo a un vecino que pasa tiempo en las redes, prefieren malo conocido que bueno por conocer.
Presto me contestó con su lógica aristotélica que la sucesión de mando, contemplada en nuestra Carta Magna, es lo que el pueblo votó y es lo que nos depararía la hipotética ausencia del profesor.
Me tranquilizó y me auguró que la sucesión sería menos cruenta que la original.