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El Tribunal de Cuentas

El Ciudadano | Montevideo
@|El Poder Ejecutivo ignora al Tribunal de Cuentas.

Si miramos los números del Tribunal de Cuentas, la primera reacción es querer cerrar todo y volver a empezar; porque, seamos sinceros, el sistema de control en Uruguay parece un partido de fútbol donde el juez saca tarjeta roja, pero el jugador se queda en la cancha, mete el gol y encima lo festeja.

La “reiteración del gasto” es esa trampa legal que hace que todo el laburo del Tribunal sea, muchas veces, un saludo a la bandera.

El Ejecutivo gasta mal, el Tribunal le dice “pará, eso es ilegal” y el Ejecutivo contesta con un “no me importa, lo pago igual”. Es el famoso “gastate todo que después lo arreglamos”.

Si miramos la torta de plata que anda volando, ASSE es, por lejos, el que se lleva todos los premios; estamos hablando de un agujero de entre 120 y 150 millones de dólares que el Tribunal mira con lupa y no le cierran por ningún lado.

¿El problema?

Contratan servicios a dedo, fraccionan las compras para no ir a licitación y terminan dándole millones a mutualistas o empresas de limpieza sin que nadie compita por el precio. Al final, esa ineficiencia la pagás vos cuando vas a pedir un turno y no hay.

Después tenemos al Ministerio de Transporte, que entre obras y concesiones maneja unos 85 millones de dólares observados.

Ahí la jugada es siempre la misma: “hay urgencia”.

Como todo es urgente, se saltan los controles, estiran contratos que ya vencieron y el Tribunal queda pintado en la pared mientras las máquinas siguen asfaltando.

Y no nos olvidemos del Ministerio del Interior, que anda cerca de los 40 millones de dólares en la misma situación.

Compras de camionetas, uniformes o tecnología que, de vuelta, se hacen por vía directa porque “la seguridad no puede esperar”.

El tema es que, si sabés que los policías necesitan botas todos los años, ¿por qué no hacés la licitación con tiempo en lugar de comprarle al primero que aparece cuando ya tenés el agua al cuello?

El MIDES tampoco se queda atrás, con unos 30 millones de dólares repartidos en convenios con ONGs que parecen eternos. Se pasan la pelota de un año al otro sin llamar a nuevos interesados, y el Tribunal se cansa de poner el sello de “Observado”.

La gran crítica acá no es solo que se gasta mucho, sino que se gasta con soberbia; el Poder Ejecutivo usa la reiteración como si fuera un derecho natural y no un recurso de emergencia.

Total, el informe del Tribunal termina en un cajón del Parlamento donde nadie lo lee y nunca pasa nada.

Es hora de que las observaciones tengan dientes.

Porque tener un organismo de control que solo sirve para avisar que la plata se fue por la canaleta, pero no puede cerrar la canilla, es como tener una alarma que suena cuando el ladrón ya se llevó hasta los muebles y encima le dejamos la puerta abierta para que vuelva mañana.

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