Roberto Alfonso Azcona | Montevideo
@|El populismo acostumbra repartir entre los pobres y reclama su derecho a cobrar impuestos a los que más tienen; se quedan con la mayor parte y llegan las migajas a los que menos tienen.
Es un círculo vicioso donde los pobres siguen pobres pero con esperanza, los ricos se van a otro país que les dé futuro y los demás ven cómo cada día hay más impuestos que los hacen caer en la pobreza.
Populismo: ideario originario del comunismo que contagia a los políticos distraídos.
Así vemos como son atrapados políticos en las propuestas de la izquierda; como caen de rodillas frente a los colectivos que han sido formados, entrenados y dirigidos por un progresismo que solo sabe de derechos y nada de obligaciones, que reclama espacios para expresarse mientras censura y acusa a quienes piensen distinto al colectivo.
No podemos ser ciegos al populismo que agranda al Estado, presentándolo como el todopoderoso que reparte riqueza creada por el soplo divino del comunismo; cuando la realidad de su origen está en los impuestos y préstamos que después hay que pagar, que nos condiciona a vender el rico patrimonio de los orientales al bajo precio de la necesidad.