Alejandro Mittica | Montevideo
@|La corriente silenciosa que sorprende a bañistas en playas de toda América.
Soy guardavidas y Prof. de Educación Física, y a lo largo de mi trayectoria en el ámbito acuático he participado en numerosos rescates y situaciones de emergencia, lo que me permitió adquirir una amplia experiencia en la identificación de corrientes de resaca —conocidas popularmente como corrientes de retorno o chupones— y en las maniobras seguras para asistir a personas atrapadas en ellas.
Considero fundamental difundir información clara y accesible sobre este fenómeno, presente en playas de todo el continente americano y responsable, cada temporada, de miles de situaciones de riesgo evitables.
Busco brindar herramientas simples para reconocer una corriente de resaca y saber cómo actuar, poniendo el foco en la prevención y la educación como principales aliadas para cuidar la vida.
Son invisibles, silenciosas y pueden aparecer incluso en un día de clima ideal. No hacen ruido ni generan espuma llamativa. Simplemente están ahí.
En muchos países se las conoce como chupones; la ciencia las define como corrientes de resaca. Y cada verano se convierten en protagonistas involuntarias de rescates, sustos y tragedias que podrían evitarse con información.
Cuando observamos el mar desde la orilla, solemos guiarnos por lo que vemos en la superficie: agua tranquila, sectores sin olas, franjas transparentes que parecen seguras. Sin embargo, esa calma aparente suele ser el primer engaño.
Cuando el agua necesita volver, cada ola que rompe empuja agua hacia la costa. Esa acumulación genera un leve desnivel entre la zona cercana a la orilla y el mar más profundo. Ese exceso de agua necesita regresar y lo hace buscando el camino más fácil. Si el fondo presenta un canal más profundo, un hueco entre bancos de arena, un desnivel natural o un sector cercano a estructuras como escolleras, muelles o desembocaduras, el agua se concentra allí y se canaliza hacia afuera.
Así se forma la corriente de resaca: un corredor angosto y potente que se dirige mar adentro, muchas veces con una velocidad superior a la capacidad de nado de una persona promedio.
-El fondo, el gran arquitecto invisible.
Las playas y costas no son uniformes. El relieve subacuático cambia constantemente por acción del oleaje, las mareas y tormentas lejanas.
Bancos de arena, pozos y canales se modifican día a día, creando condiciones ideales para la aparición de estas corrientes. El bañista suele advertir el peligro cuando intenta volver a la orilla y no avanza, o incluso siente que retrocede. En ese punto, el cansancio y el pánico juegan en contra.
-Un circuito que se repite. Las corrientes de resaca siguen un patrón claro: el agua llega con las olas y se acumula cerca de la orilla. Luego se desplaza paralela a la costa. Converge en un punto más profundo. Desde allí, se canaliza hacia mar adentro con fuerza. Más allá de la zona de rompiente, la corriente pierde energía y se dispersa.
Por eso muchos rescates ocurren a pocos metros de la orilla.
-El engaño más común: el agua calma.
Uno de los errores más frecuentes es asociar agua tranquila con agua segura. Muchas corrientes de resaca presentan una superficie “planchada”, sin espuma ni rompiente, porque las olas rompen a ambos lados y dejan el canal libre en el centro. Ese sector aparentemente manso suele ser el más peligroso.
-Cómo prevenir y cómo actuar.
Elegir siempre zonas con guardavidas y respetar sus indicaciones. Observar dónde rompen las olas y evitar sectores donde parecen “cortarse”.
No confiar en franjas de agua excesivamente calma. Si una corriente te arrastra, no luchar contra ella: mantener la calma, flotar si es necesario y nadar paralelo a la costa hasta salir del canal.
El agua es un entorno maravilloso, pero dinámico e imprevisible. Conocer cómo funcionan las corrientes de resaca es clave para disfrutarla con responsabilidad y seguridad.