@|Siempre hemos visto a Gustavo Leal circunspecto, como enojado y con el ceño fruncido. Sin embargo, cuando escapó por una puerta lateral de la Fiscalía huyendo de los periodistas luego de ser interrogado y supo que pasó de ser testigo a ser indagado se dibujó en su rostro una clara e intensa sonrisa que no le conocíamos.
Diríase que no cabía tanta felicidad en su ser. Me hizo recordar a algunos boxeadores que estando al borde del inminente “knock-out” comienzan a sonreírle a su adversario, “sobrándolo” desafiantemente.
Fue bueno que Leal dejara de lado ese rostro de permanente enojo y se le viera alegre y distendido.