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El coraje que necesita Uruguay

Bien intencionado | Montevideo
@|En su reciente visita al Uruguay, la directora del Fondo Monetario Internacional expresó, según difundieron diversos medios de prensa, que nuestro país “está haciendo las cosas bien”, pero que “le falta coraje”. Más allá de las distintas interpretaciones que puedan hacerse de esa afirmación, el comentario invita a reflexionar sobre uno de los aspectos más trascendentes para el desarrollo nacional.

Cabe preguntarse qué significa, en este contexto, tener coraje. Probablemente implique la capacidad de impulsar reformas de largo plazo, adoptar decisiones que no siempre resultan populares y enfrentar intereses sectoriales cuando ello responde al interés general. En definitiva, pensar más en las próximas generaciones que en las próximas elecciones.

Muchos ciudadanos tenemos la sensación de que, con demasiada frecuencia, la dinámica política privilegia la competencia electoral, la defensa de posiciones partidarias y la crítica al adversario por encima de la construcción de acuerdos duraderos sobre los grandes temas nacionales. Esta apreciación, naturalmente, no pretende alcanzar a todos los dirigentes, pero refleja una percepción cada vez más extendida en la sociedad.

También da la impresión de que la creciente polarización, la rigidez ideológica y, en algunos casos, el predominio de intereses corporativos o sectoriales dificultan la adopción de políticas de Estado capaces de sostener el crecimiento económico, mejorar la educación, fortalecer la competitividad y promover una mayor cohesión social.

Uruguay necesita ámbitos permanentes de diálogo y acuerdos donde gobierno, oposición y los distintos actores sociales puedan concentrarse en definir objetivos comunes y en evaluar, con indicadores claros, las medidas más adecuadas para alcanzarlos. Los países que logran mayores niveles de desarrollo son, por lo general, aquellos que consiguen mantener políticas estratégicas más allá de los cambios de gobierno.

Éste no es un desafío exclusivo del Uruguay. Se observa, con distintos matices, en buena parte de América Latina y también en numerosas democracias del mundo.

Ojalá prevalezcan la sensatez, la inteligencia y, precisamente, el coraje para recorrer el camino que permita construir un país cada vez más próspero, justo y con mayores oportunidades para todos.

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