Ing. Ponciano J. Torrado | Montevideo
@|El día 27 de enero ppdo. el Sr. Tomás Linn publicó una interesante columna bajo el título “Rutas, velocidades, peajes”. En la misma, que suscribo totalmente, vierte diversos conceptos relativos a lo dificultosa en que se ha transformado la circulación por la Ruta Interbalnearia, tomando en cuenta también la aplicación del nuevo plan de multas por exceso de velocidad, implementado a fines del año pasado.
Realizar el trayecto Montevideo - Punta del Este constituye para el conductor una verdadera tortura, lejos del principio rector de “confort y seguridad” que debe guiar todo diseño vial.
Efectivamente, la que fue originalmente proyectada, promocionada y construida bajo el régimen de concesión de obra pública, como doble vía rápida entre Montevideo y Punta del Este, se encuentra hoy totalmente desvirtuada, por la numerosa y caótica cantidad de obstáculos.
El concepto de “confort y seguridad” ha devenido en el concepto de “conductor enemigo” al extremo de penalizarlo imponiéndole semáforos, con tiempos de luz roja comparables o en algún caso quizás superiores a los de luz verde, olvidando que la preferencia la tiene la ruta y no las vías transversales que la cruzan; innumerables radares fijos o móviles, de ubicaciones muchas veces inexplicables, que obligan a bajar la velocidad, en algunos casos, a 60 km/h (casi la mitad de la velocidad directriz de proyecto, que fue adoptada en 110 km/h).
El conductor pasa a ser así el único culpable de todos los problemas de la ruta, olvidando que la ruta se construyó para él, para agilizar su traslado en las condiciones que ya se comentó.
Si se ha tolerado la urbanización a ambos lados de la ruta, en el tramo hasta el Aº Solís Chico, si se permiten los cruces peatonales de forma peligrosa y de manera arbitraria, la solución no pasa por acosar al conductor, sino limitando los cruces de peatones a puntos reducidos, instalando adecuadamente barreras flex-beam o pasarelas superiores, como la de La Capuera.
Para revertir la situación y lograr que el tránsito vuelva a ser ágil habría que eliminar semáforos en cruces secundarios, conduciendo los vehículos por las calles de servicio paralelas a la ruta, a cruces de mayor importancia, donde los tiempos de luz verde en la ruta sean más prolongados que en las vías transversales.
No hay que olvidar que la Ruta Interbalnearia es nuestra ruta turística por excelencia, que es una ruta en la que se paga peaje, como bien recuerda el Sr. Linn en su columna; importe por el que se espera recibir un servicio que en realidad se niega. Un peaje que, además, año a año, aumenta su valor en dólares.
Al conductor no se le debe hostigar, sino por el contrario se debe procurar que su viaje sea seguro y confortable.