Roberto Alfonso Azcona | Montevideo
@ | La política económica actual, obsesionada con un peso artificialmente fuerte y una inflación maquillada en 3.65% (muy por debajo de la meta del 4.5%), nos arrastra directo al abismo.
El dólar, hundido en mínimos históricos de ~$37.45 (interbancario al 27 de enero de 2026), no es casualidad, es el precio del atraso cambiario deliberado.
El BCU lo llama “desalineamiento”, pero la realidad es cruda: un peso sobrevaluado baratea importados, destruye competitividad exportadora y condena al agro al “desastre” que denuncia Rafael Ferber.
Más tarde o más temprano, la corrección llegará, y será violenta, un ajuste cambiario brusco disparará el dólar, erosionando el poder adquisitivo de trabajadores y jubilados en un mercado interno hiperdependiente de importaciones.
El endeudamiento en dólares (tan común en hogares y empresas) detonará una crisis crediticia masiva; solo las exportaciones respirarán aliviadas con un tipo de cambio realista, pero el daño ya estará hecho, crisis social, económica y política, como en el pasado. Todos pagaremos la fiesta de la “estabilidad” ficticia. La única salida sensata para mitigar el golpe sin sacrificar competitividad es una baja drástica de impuestos que compense la inevitable suba del dólar.
Una cuenta simple y de sentido común: reducir el IVA al 15% (hoy en 22% básico), eliminar regulaciones que asfixian el empleo y recortar otras cargas innecesarias.