Jorge Antunes | Montevideo
@|En lo personal, no me extraña que la izquierda, de cualquier exhalación les alcance para generar excremento. Es su modus operandi.
Ante la divulgación de los chats privados del Sr. Iturralde, desde el FA, en su opinión a la prensa y sin ningún prurito, buscan involucrar al gobierno, cuando es claro que estos chats son de carácter personal y privados.
Es destacable la gran habilidad de la izquierda para desviar el foco del problema, de poner siempre el árbol delante del bosque. ¿Ejemplos? Varios. Solo como muestras podría decirles que lograron imponer en la población y en la prensa, que fuimos víctimas de un “terrorismo de Estado”, cuando todos sabemos que los hechos aberrantes fueron realizados bajo un régimen de facto, o sea una dictadura y, por lo tanto, no califica como Estado.
Más recientemente, lograron imponer “el caso Astesiano” cuando lo correcto es considerar “el caso de los pasaportes falsos” entregados por el gobierno uruguayo desde el año 2014. El caso de la entrega del “pasaporte a Marset” debería ser el “caso de las falencias del decreto N° 129/014” justamente elaborado en el año 2014.
Qué casualidad, ¿no?
Podría seguir con otros ejemplos, pero quiero concentrarme sobre los chats personales y privados del Sr. Iturralde.
Por cierto, no estoy de acuerdo con el tono y menos aún con el contenido de los mismos, pero no puedo desconocer que son opiniones personales y expresadas en privado. Él ya se hizo cargo de su error, como corresponde.
Estoy de acuerdo que el periodista se alimente y proteja la identidad de sus informantes, pero, en este caso, estos datos fueron obtenidos ilegalmente. Las filtraciones no se generan espontáneamente. Aquí se está robando información personal y reservada para entregar o vender a un tercero. Por lo tanto, configura un delito y éste debe ser el gran problema a investigar, o sea, el bosque.
Lo extraño, o no, es que siempre se da a favor de la izquierda, por lo que, resulta insólito que pretendan dar clase de moralidad.
En mi opinión, ante esta situación, el periodista tiene sólo dos actitudes a tomar. O “protege” a su informante y se declara cómplice del delito por receptación o hace lo que corresponde, que sería denunciarlo para que la ley estudie cuál es la sanción pertinente. Recordemos que todos somos iguales ante la ley según mandata la Constitución y, por lo tanto, no todo vale en esta vida y esto incluye a los periodistas.