Esteban Vicente | Colonia
@|Nuestro país disfrutó durante la mayor parte de su vida de cierta benevolencia climática, definida en la existencia de cuatro estaciones con regularidad, que permitía cierta planificación tanto a nivel rural como ciudadano.
Si bien nos quejábamos sobre la ocurrencia de algunos fenómenos no previstos, como ser inundaciones o períodos de sequía, vientos gélidos o de calor bochornoso, existían ciertos parámetros que nos daban certezas.
Ahora, se han registrado tres años de lluvias por debajo, o muy por debajo de los estándares que desembocaron en la denominada crisis hídrica, que afecta principalmente al conglomerado metropolitano, donde vive aproximadamente la mitad de nuestra población.
¿Qué provocó esta situación límite? Siempre se dice que nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena. Difícilmente nos acordemos de ella, cuando casi no llueve, que es cuando generalmente truena. Pero, sí nos acordamos de la OSE, que es el organismo del Estado que se encarga de abastecer del líquido elemento a la población.
Hace unos años a algunos sindicalistas, apoyados por el partido de gobierno de ese entonces, se les ocurrió una reforma constitucional que determinó que el agua sólo puede ser manejada por el Estado.
Ahora bien, el agua puede ser dulce o salada. La que normalmente bebemos es dulce, la cual proviene en su inmensa mayoría de la lluvia, que en parte fluye hacia los ríos y en parte es almacenada mediante represas y luego mediante cañerías es trasladada hacia los hogares donde se consume.
La participación del Estado se limita a estas dos últimas etapas. ¿Qué ocurrió entonces, después de la idílica reforma constitucional?
Que el Estado fue omiso en materia de inversión para nuevas represas o nuevas cañerías que mantuvieran o mejoraran las redes existentes; total llovía y listo. Como la OSE era el último orejón del tarro, las tarifas siempre se ajustaron con gran moderación, dentro de un presupuesto que no era significativo, con casi nulas inversiones, ahora con la excepción de obras de saneamiento para varias ciudades del interior.
¿Qué tenemos ahora? Quejas de todo tipo y color, de los que no hicieron nada cuando gobernaban y critican a los que ahora gobiernan, porque hicieron lo mismo que hacían ellos: esperar que llueva.
Existe una realidad bien diferente de la que estábamos acostumbrados, y que posiblemente nos siga golpeando en el futuro próximo: el cambio climático.
Es necesario definir políticas de Estado que se mantengan, gobierne quien gobierne. Se debe ser coherente en cuanto a las propuestas y en usar la demagogia: ¿Ud. tiene menos agua porque antes no la cuidó? Bueno, ahora le cuesta más…
¿Qué diferencia tiene con algún otro producto que escasea? Simplemente es más caro. Y así va a tener más cuidado para no derrocharlo, como se ha hecho hasta ahora.
¿De dónde van a surgir los recursos para la OSE? ¿De los bolsillos de los legisladores y afiliados del partido que propone la rebaja tarifaria?