Dr. Esc. César Eduardo Fontana | Montevideo
@|Cuando se está apagando un poco el eco producido a raíz del casi incomprensible asunto Cardama, el gobierno ha puesto sus ojos en el Senador Ojeda por haber firmado un escrito ante una Fiscalía, la cual, como todas, es muy cuestionable que forme parte de un Servicio Descentralizado por cuanto no tiene, como es obvio, actividad industrial o comercial.
El análisis jurídico del tema ni vale la pena molestarse en hacerlo por cuanto que un senador de la República pierda su banca por un asunto tan menor cometido seguramente por inadvertencia, es un dislate mayúsculo desde que las normas deben analizarse con sentido común y sana crítica y no con impulso de brutal ferocidad.
No, el problema es otro, hay que distraer, por no decir anestesiar, a Juan Pueblo y Doña María frente a los problemas de todos los días, como la terrible (in) seguridad que sigue cobrándose víctima tras víctima, algunas de ellas personas inocentes y aún menores de edad, algo vergonzoso; la calidad del agua, que tanto lamento hipócrita produjo en el anterior período de gobierno; la enorme cantidad de seres humanos que viven, duermen, hacen sus necesidades (y a veces otras cosas) en la vía pública no importándoles frente a qué o a quién; para no mencionar el caprichoso mamarracho que se pretende hacer en la Av. 18 de Julio desde la Plaza Independencia hasta no se sabe con precisión dónde, llámese túnel, subte o como se quiera, para funcionar con ómnibus (¡!). E igualmente también hay que hacer olvidar a la gente que Mr. Trump no permite que los uruguayos permanezcamos en Estados Unidos más de tres meses, lo que, hasta donde se sepa, no ha sido modificado.
Los anteriormente citados no son elementos exhaustivos sino meramente indiciarios ya que existirían bastantes más que es preferible omitir para no ocupar el siempre escaso espacio de la prensa.
Todo esto tiene un porqué. Al gobierno y a su partido no le interesan mayormente ninguna de estas cuestiones sino que sus ojos están puestos en una sola meta: el poder. El poder por el poder mismo o mejor dicho, por sus prebendas, tales como altos salarios, secretarios y secretarias, status (que de otra forma no se obtendría) y por supuesto, algún viajecito oficial para discutir sobre el sexo de los ángeles, dejando de lado al personal diplomático y consular allí destacado.
¡Faltaba más!